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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Luz y sal de la tierra

Miguel Rivilla (Madrid)
Redacción
domingo, 15 de abril de 2007, 10:02 h (CET)
La modorra, el conformismo y la rutina son, de hecho, la polilla que ataca la vida de los creyentes. La luz es para alumbrar y la sal para preservar de la corrupción. Jesús dijo a sus discípulos:”Vosotros sois la luz del mundo y la sal de la tierra”( Mt 5,13-16). Ahora bien, cuando la luz se mete debajo de la cama o la sal se desvirtúa, no sirve para nada; se tira afuera y es pisoteada por los hombres.

¿No será este el mal que está atacando a no pocos sacerdotes, convertidos en meros funcionarios, y a muchísimos laicos, meros cumplidores de prácticas religiosas?.

El panorama de la fe, es inquietante en muchas partes de la geografía española. Los valores cristianos tanto en la familia como en la sociedad y en los individuos, están en baja. El materialismo, el hedonismo, el consumismo, la indiferencia religiosa, la drogadicción y la trivialización del sexo…están en alza.

Mientras tanto las sectas continúan incansables en su labor de zapa por todas partes, sin que apenas se note reacción adecuada. Las palabras del recordado Juan Pablo II en su visita a Madrid han caído casi en el olvido.”Salid a la calle, no dejéis que os arrinconen en las sacristías”.

No bastan las convocatorias de romerías, procesiones, fiestas patronales, etc…, cuando falta conocimiento, profundización de la fe y vivencia sacramental.

He leído unas palabras del periodista Messori que me han impactado:”El hecho es que últimamente, sacerdotes y obispos escriban muchísimo de ética, de la opción política del cristiano, de economía, incluso del cristianismo, pero no de Cristo”.Hablan de las consecuencias de la fe, como la moral, pero no de la fe misma; la dan por descontado. Es absurdo. Precisamente hoy, tener fe es el acto inconformista por excelencia. Y anunciar la moral sin anunciar antes la fe, provoca el rechazo, no la adhesión. La gente está harta de escuchar prohibiciones- preservativo, divorcio- y ni una sola palabra sobre las razones de la fe. Certero diagnóstico que se comenta por sí mismo.

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