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Etiquetas:   La tronera   -   Sección:   Opinión

Maltrato: mal ejemplo, peor educación

Jesús Salamanca
Jesús  Salamanca
sábado, 14 de abril de 2007, 09:42 h (CET)
¿Hay alguien a quien no preocupe la situación de la enseñanza secundaria en España? Estamos seguros que no, salvo que se trate de un optimista desinformado. En muchas ocasiones, un optimista es simplemente un pesimista con mala información. Pero se suele dar también el caso del pesimista, que lo es no por sistema, sino porque se trata de un optimista bien informado.

Al margen de optimismos y pesimismos, los datos reales suelen ser buen aval para decantarse. Y en la enseñanza secundaria española comprobamos que las amenazas graves entre escolares, al igual que la agresión física, no han variado en los últimos siete años. Y eso sí es preocupante; lo es tanto para la ciudadanía en general, como para el Defensor del Pueblo y para UNICEF en el informe que han presentado hace unas semanas sobre violencia escolar, centrándolo en el período 1999-2006 y referido al ámbito de la ESO.

Tanto las amenazas como los insultos forman parte de un concepto más amplio como es el maltrato. De la misma forma que existen otras variantes de ese: ser ignorado, impedir la participación, apodar, hablar mal de alguien, ser robado, pegar, amenazar, acosar sexualmente,… y es precisamente en conceptos como los aludidos donde se han basado UNICEF y el Defensor del Pueblo para completar parte del informe arriba reseñado. El dato positivo es que las conductas menos graves sí que han descendido en el período estudiado, sobre todo entre estudiantes. Los centros donde hay profesores que han sido amenazados por alumnos son muchos; es más, los datos son para llevarse las manos a la cabeza.

Para la mayoría de los medios de comunicación, la educación no está de moda y pasan bastante de la convivencia escolar y de la problemática educativa. Suele interesarles más el maldito morbo que puede suscitar el hecho de que un alumno o alumna atice o navajee al profesor o profesora, sin llegar a entender que -- en la mayoría de las ocasiones – los medios de comunicación pueden actuar de prevención, por el mero hecho de denunciar, comentar o referir una situación.

En los niveles educativos que nos movemos muchos docentes, trabajando con mayores de dieciocho años, no es común encontrar comportamientos de maltrato. Es más, cuando surge algún conato de indisciplina es el propio alumnado quien resuelve un sin fin de situaciones, indicando la puerta al ‘presunto’ violador de las normas de convivencia en este tipo de centros. Casi siempre sobra la administración educativa. Sin duda es una suerte y una satisfacción comprobar que existen numerosos caminos para evitar situaciones indeseadas; máxime cuando se es consciente de que la administración educativa carece hoy de instancias capaces de poner autoridad, salvo por el recurso al miedo o a la amenaza. Que nadie lo dude, lo que no consiga el profesorado será un problema latente. No existe ni una sola instancia administrativa que sea capaz de reemplazar al profesorado en el trato, solución y prevención de problemas de convivencia. ¿La inspección educativa? Pregunte, pregunte al profesorado antes de decir barbaridades.

Lo cierto es que, a veces, el alumnado no recibe buenos ejemplos de sus mayores. Y no nos referimos al ámbito familiar, sino al ámbito social. Fijémonos en un ejemplo: el presidente del Gobierno elige a un maltratador de género para negociar con ETA. Nos referimos a Jesús Eguiguren, condenado por malos tratos a su mujer. Resulta ser el correveidile del Gobierno socialista con ETA. Dimitió del Parlamento Vasco y de la Comisión de Derechos Humanos de esa misma Cámara tras ser condenado, aunque aún pertenece en la ejecutiva del PSE. Pero no es el único caso.

Estos maltratadores se encomiendan a Dios en público, pero martillean al prójimo siempre que pueden. Es la traducción de: “A Dios rogando y con el mazo dando”. Para evitar la vulgaridad del maltrato existe la información. Y si alguien desea o precisa información puntual tiene varias páginas en la red para formarse e informarse. Pero sobre todas hay una: “La Mirada de Jokin”. Ni nos vamos a extender hablando d ela misma, ni vamos a analizarla. Ahí está, al alcance de todos. Huelga decir que quien esto escribe es un enamorado de la misma y siempre ha estado presente en mi blog. La leo siempre que me es posible. Y suele ser a diario. La recomiendo siempre que puedo y, me consta, que muchos profesores y profesoras la utilizan como ejemplo entre su alumnado. No hay ninguna duda: Lo bueno hay que apreciarlo y, quien no sabe hacerlo, jamás sabrá lo que pierde.

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