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Etiquetas:   Crítica literaria   -   Sección:   Libros

'El club Dante', de Matthew Pearl

Gabriel Ruiz-Ortega
Gabriel Ruiz-Ortega
martes, 17 de julio de 2007, 23:48 h (CET)
De alguna manera, siempre he tenido una gran predilección por los best sellers. Digamos que la tradición de este tipo de libros que pueden ser devorados por cualquiera no tiene un asidero que descansa en el capricho de algunos editores que quieren hacer dinero a costa de historias descabelladas. Y viéndolo bien, hacer dinero no está nada mal.

Sin embargo, la tradición del buen best seller se trastoca cuando se quiere hacer pasar un bodrio como una gran lectura. Ejemplos recientes de esto tenemos -de sobra- con El código Da Vinci de Dan Brown, las novelas falseadas de Isabel Allende (que tan mal hacen quedar al realismo mágico latinoamericano) y no pocas novelas de Ángeles Mastreta (hasta ahora no entiendo qué hacía presidiendo el jurado del Premio Alfaguara 2006 –totalmente irrelevante-), etc.

Cuando hablamos de best seller es menester remontarnos a las novelas decimonónicas de folletín que tan bien supo esgrimir Alejandro Dumas. Dumas es –axiomáticamente- el padre literario de extraordinarios escritores como Simenon, King, Pérez – Reverte, Ludlum, González Ledesma (la saga de Silver Kane, en especial –ya me leí siete novelitas que encontré de casualidad-), Ellroy, Le Carre, Forsyth, etc. En cada uno de estos autores encontramos la dualidad que muy pocas veces vemos: gusto y calidad. Y es menester hacerlo notar, y con mayor razón hoy en día, en la que hay poco tiempo para leer, y lo ideal sería leer algo que te mueva el piso, que en plena lectura cierres el libro en más de una ocasión. Aunque eso sí, a lo mejor contradiciéndome, cada quien tiene el derecho de leer lo que le da la gana. Porque como bien lo dijo Alonso Cueto hace unos días, y cuya frase voy a piratear: quien no lee, desperdicia su vida.

¿Qué es lo que hace especial a El club Dante? Imagino, para empezar, que es el manejo diáfano de un registro temático muy difícil de abordar. Como bien sabemos, el gran poeta del medioevo al escribir La divina comedia no solo hizo gala de una lírica arrolladora, sino que entre cada postulado expuesto en cada canto yacía un fuerte contenido filosófico en relación al hombre, su albedrío y su destino. Digo imagino porque El club Dante tiene varios factores atrayentes. Otro de ellos vendría a ser –de hecho- el manejo histórico que realiza Pearl al representar a la clase intelectual bostoniana del 1865, aderezado con la muerte de Abrahan Lincoln y el término de la guerra civil, sumándose estos a la trama policial que tiene como protagonista al detective Nicholas Rey, quien despierta en no pocos personajes, tan igual de cultos como bestias, serias dudas sobre su capacidad intelectual por el mero factor de que este es negro.

De manera sucinta el argumento: ocurren asesinatos de preclaras personalidades llevados a cabo por un fanático inspirado en los cantos de El infierno. Para paliar esta situación, son los miembros del club Dante –profesores de Harvard- quienes ofrecen su ayuda a Nicholas Rey puesto que cada asesinato lleva una relación inmediata o en cadena con el que vendrá. Aparte de esto se desatan las polémicas y rencillas en torno a la traducción americana de La divina comedia, la cual ha sido preparada por los integrantes del club Dante.

Pearl no es nada gratuito puesto que la única manera de abordar estos referentes históricos, políticos, intelectuales, raciales, sociales, etc., fue hacerlo a través de la tradición de la novela-enigma, la de los detectives deductivos, más pensantes que actuantes. He allí la fuerza de esta novela: la capacidad de persuasión que deviene en un imán sensorial que de la manera más fácil engancha al lector en una historia de asesinatos no a través de borbotones de sangre, ni gratuidades históricas, ni mucho menos pesquisas insultantes, sino a través del placer más grande que existe en lector alguno: la seducción cerebral.

El club Dante es una pequeña novelita de más de quinientas páginas, pero estas no las sientes, pasan volando. Y para seguir con la moda imperante, supongo que esta conocerá la adaptación cinematográfica. No me sorprendería si es así.

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