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Fracaso del 'Plan Ahtisaari'

Piotr Iskendérov
Redacción
sábado, 14 de abril de 2007, 10:05 h (CET)
Los debates en torno al futuro estatuto de Kosovo en el Consejo de Seguridad de la ONU no tienen parangón en la historia contemporánea.

Por primera vez, ese organismo internacional asume la revisión de las fronteras territoriales de un soberano Estado democrático.

El Representante Especial del Secretario General de la ONU, Martti Ahtisaari, a quien en octubre de 2005 se le encomendó la misión de organizar el proceso negociador en el territorio, no cumplió ni un solo punto de los atribuidos por el mandato. Las conversaciones entre Serbia y las autoridades de la autonomía kosovar no resisten críticas.

Expertos serbios y albaneses se negaron a celebrar conferencias conjuntas y firmar documentos. En vez de formular los principales parámetros para el proceso de determinación del estatuto, se emprendieron intentos de concordar cuestiones técnicas. Sin embargo, es evidente que carece de sentido discutir la dimensión de las zonas de protección alrededor de los monasterios serbios sin haber resuelto con anterioridad la jurisdicción del territorio.

Como colofón a la actividad jurídica internacional de Martti Ahtisaari es el documento de ocho páginas, en que la “independencia de Kosovo bajo el control internacional” fue calificada de “única variante viable” de la solución del problema kosovar. Está claro que ningún gobierno de Serbia, por prooccidental y democrático-liberal que sea, no estampará su firma al pie del documento que legalice la substracción del 15% del territorio ancestral del Estado. Pero, según todos los indicios, el ex presidente de Finlandia no buscó apoyo de Serbia. Se pone en claro que su objetivo principal fue encontrar formulaciones capaces de dar “luz verde” a la independencia de Kosovo que, al mismo tiempo, hagan posible evitar objeciones de los miembros permanentes del CS de la ONU, Rusia ante todo.

No obstante, ahora es obvio que Ahtisaari tampoco pudo conseguir ese objetivo. Sin haber esperado el inicio de los debates oficiales en torno al informe del enviado especial de la ONU, el delegado permanente de Rusia ante la ONU, Vitali Churkin, declaró que antes de determinar el estatuto de Kosovo, los miembros del CS deberían concentrar sus esfuerzos en otros problemas. Primero: analizar el cumplimiento de su Resolución 1244 sobre Kosovo, del 10 de junio de 1999 (entre otras cosas, en el preámbulo de ese documento se exponen las “obligaciones de todos los Estados miembros de la ONU a respetar la soberanía y la integridad territorial de la República Federativa de Yugoslavia y otros Estados de la región”). Segundo: enviar a Kosovo una misión especial encargada de estudiar la situación in loco y no partiendo de las tesis de Martti Ahtisaari. El CS de la ONU habrá de reunir “toda la información posible sobre la situación antes de examinar” la recomendación del Representante Especial, recalcó Churkin.

Las propuestas de la parte rusa fueron acogidas con suma reserva. Las apoyó, quizás, más activamente el presidente de Kosovo, Fatmir Sejdiu. Pero no cabe interpretarlo como indicio de la disposición de Pristina de aceptar compromiso, sino más bien como afán de hacer capital publicitario en vísperas de la votación decisiva.

En principio, a juzgar por las recientes declaraciones de las potencias occidentales, surge la impresión que su meta principal no es la de dar una solución justa, firme y omnímoda al problema de Kosovo, sino que neutralizar la posible postura que asuma Rusia. Hoy principal obstáculo para los partidarios de la independencia de Kosovo es el derecho de vetar que asiste a Rusia. EEUU y la Gran Bretaña ya respaldaron plenamente el ”plan Ahtisaari” que les permite dar por resuelta la hastiada crisis kosovar y recompensar a manos llenas a sus aliados de la operación armada de la OTAN contra Yugoslavia en 1999: los extremistas kosovar-albaneses. Pero, tal vez, los delegados de Alemania: actual presidente de la Unión Europea y del G-8 se esfuerzan hoy más que nadie en hacer ver que apoyan a Moscú. Por ejemplo, en entrevista a “Frankfurter Rundschau” el ministro de Estado del Departamento Diplomático alemán, Gernot Erler, dijo que el CS de la ONU ha de aceptar la propuesta de Moscú y enviar una misión a Kosovo para “tender puentes que permitan conseguir acuerdo de Rusia” respecto al estatuto del territorio.

No obstante, estos días, en vísperas de la discusión del estatuto de Kosovo en el CS de la ONU, el subjefe del Departamento diplomático de Rusia, Vladímir Titov, recalcó que si uno de los interesados (Serbia) no respalde el “Plan Ahtisaari”, Moscú, “fiel a los principios del Derecho Internacional” no podrá “acceder a la anexión de una parte del Estado sin su asenso”.

Es indudable la postura evidentemente negativa de Belgrado. El jefe del Gobierno de Serbia, Vojislav Kostunica, se propone volver a declarar en la reunión del CS de la ONU que “no se puede anexar el 15% del territorio nacional” y que “el Plan Ahtisaari” está en pugna con la Carta de la ONU y todos los documentos internacionales vinculados a ésta”. Solamente Rusia podrá ayudar a Serbia a conservar la integridad territorial, subrayó Vojislav Kostunica antes de partir de Nueva York, lo que es verdad. Lamentablemente, hoy el Consejo de Seguridad de la ONU no está en condiciones de solucionar, desde una óptica objetiva, el problema kosovar, teniendo en cuenta el fracaso de la misión de Ahtisaari y los intereses de EEUU, la Gran Bretaña y demás apologistas de la independencia de Kosovo que contradicen las normas del Derecho Internacional. En este contexto, la mejor variante sería rechazar el “Plan Ahtisaari” y sustituirlo por otro diplomático internacional prestigioso, organizando nuevas conversaciones entre Belgrado y Pristina sobre una base más objetiva y sin un desenlace predeterminado.

En cuanto a las esperanzas cifradas en el papel estabilizador de la presencia internacional en Kosovo, habrá de ser realistas. Casi 20 mil efectivos de la fuerza KFOR de la OTAN no son capaces de defender a los serbios ni asegurar sus intereses. Igual que antes, la población serbia de Kosovo habita en ghettos sin tener la posibilidad de no sólo participar activamente en la vida política del territorio, sino que de obtener acceso a los centros de salud y de educación. Y el ataque por medio de lanzagranadas al medieval monasterio serbio en Visoki Decani no es más que una evidente advertencia a los serbios y a la comunidad internacional: en el Kosovo actual que se encuentra bajo administración de la ONU no habrá lugar para los serbios y demás no albaneses y menos aún en un Kosovo independiente.

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Piotr Iskendérov, colaborador del Instituto de Eslavística, para RIA Novosti.

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