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Etiquetas:   El crisol   -   Sección:   Opinión

No se alegran

Pascual Mogica
Pascual Mogica
jueves, 12 de abril de 2007, 23:51 h (CET)
Cuando estamos oyendo de continuo como desde el PP y de los medios de comunicación que le son afines se exige a Batasuna la condena de la violencia para poder participar en la actividad política dentro de la legalidad, uno echa de menos las manifestaciones de alegría y de complacencia del PP ante las cada vez más frecuentes detenciones de miembros de ETA, aunque no hace falta ser muy “largo” para darse cuenta de que esto de las detenciones no contenta, en absoluto, a las derechas integradas en el Partido Popular. Al contrario, les molesta, les disgusta y les cabrea. No hay más que ver como reaccionan ante estas exitosas actuaciones policiales.

Por otro lado está esa agrupación de “ilustres” periodistas cuyo código deontológico debieron dejarlo olvidado cuando salieron de la facultad, que achacan al Gobierno de España la tragedia del 11-M y que, como en el caso de Carlos Dávila, el que junto con Luís Herrero se cargó, en mi opinión, a la audiencia de María Teresa Campos, fue un error por parte de María Teresa el admitir que le “colocaran” en su mesa de debate a estos dos sujetos, cuando ya tenía a Isabel San Sebastián y a la otra Isabel cuyo apellido no recuerdo. Pero a lo que iba. Carlos Dávila intenta “coger” sitio y notoriedad y dice que los imputados no son los verdaderos culpables de aquella masacre. Sin duda alguna hay que reconocerle a los imputados la presunción de inocencia. Ahora bien, al verdadero culpable no le han sentado, hasta ahora, en el banquillo y anda suelto por ahí dando conferencias y haciendo negocios con su yerno. Me refiero, claro está, a José María Aznar que fue quien provocó la masacre al meter a España en una guerra, la de Iraq, sin causa ni fundamento. La única causa fue la mentira, y el fundamento solo uno también: El petróleo iraquí que le interesaba a Bush y a sus amigos. Ahí tiene Carlos Dávila a los verdaderos culpables, aunque esta observación no creo que sea motivo de alegría para él.

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