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Etiquetas:   La tercera puerta   -   Sección:   Opinión

Aberri Eguna, origen y futuro

Xabier López de Armentia
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jueves, 12 de abril de 2007, 23:51 h (CET)
75 años han pasado ya desde aquel domingo de Resurrección de 1932 que dio origen a la fiesta de la patria vasca. Iniciado en sus comienzos por el EAJ-PNV, ha logrado con el paso de los años una plena aceptación entre los diferentes colectivos del nacionalismo vasco, obviando su carácter inequívocamente religioso que le vió nacer.

Aberri Eguna, es un “término” que engloba más que dos palabras y su significado castellano — El día de la Patria Vasca –. Estas dos palabras representan el comienzo popular y festivo de la cultura y del nacionalismo vasco, que con la IIª Republica Española a cuestas comenzó a andar a principios de la década de los años treinta.

Muchos se preguntaran porqué situar la fiesta de la patria vasca en domingo de Resurrección. Las razones, según el lápiz que escriba la historia, serán diferentes. En primer lugar nos encontramos en un momento histórico donde el EAJ-PNV, carece de fiesta propia, y Euskadi otro tanto de lo mismo. Tanto Galizia como Catalunya organizaban sus festividades nacionales desde 1919 y 1886 respectivamente. Euskadi por aquel entonces no tenía festividad alguna, ni laica ni católica.

Unido a este factor encontramos el carácter católico del EAJ-PNV, que vio en el domingo de Resurrección el día perfecto para la consecución de su fiesta y festejar junto a sus simpatizantes, la mayoría católicos tradicionalistas, un día al año su “unión”.

Aun así existieron más factores y uno de ellos de especial relevancia. Cuentan que por allá en 1882 Luis y su hermano Sabino Arana – a la postre creador y fundador del nacionalismo vasco – tuvieron una conversación que cambió el rumbo de Sabino Arana. Este inició entonces su camino concienciado de la nacionalidad vasca que poseía y de su lejanía tanto cultural como étnica de los españoles. Si sumamos a 1882 cincuenta años nos da 1932, año del primer Aberri Eguna. Por tanto, otro factor fueron las bodas de oro de la “concienciación” de Sabino Arana de su nacionalidad vasca. Cierto es que en un principio se pensó en cuadrar toda la festividad en torno al nacimiento de Sabino Arana, el 26 de enero, coincidiendo con la terminación de las obras de Sabin Etxea, iniciadas un año antes (1931), pero terminó descartándose esta fecha por la falta de tiempo.

La elección del domingo de Resurrección no fue un hecho al azar o poco previsto. Detrás de esta elección se encontraba toda la maquinaria nacionalista que la eligió con el objetivo de conmemorar y festejar la fecha, además de reafirmar el culto a la figura de Sabino Arana creando una doble resurrección, la de Jesucristo y la de Euskadi por obra divina de la ideología aranista. Aquel domingo de Resurrección supuso el renacer del alma vasca, con el siempre omnipotente “Jaungoikua ta Lagi-Zarra” (Dios y Ley Vieja), es decir, Fueros y catolicismo como pilares básicos.

Desde su origen se ha intentado mitificar la figura de Sabino Arana conformando en torno al domingo de Resurrección un alumbramiento común: la Resurrección de Jesucristo y la “resurrección” o concienciación de Sabino Arana y por tanto de la nación vasca.

Hoy en día el Aberri Eguna, es una fiesta que nada tiene que ver con el incipiente. Hoy en día el carácter confesional del acto ha desaparecido por completo o casi por completo, además de estar celebrado por una decena de colectivos políticos y sociales en diferentes puntos de la geografía vasca.

Sin ir más lejos, vemos como el EAJ-PNV lo ha celebrado en el corazón de Bilbo, Eusko Alkartasuna en Gernika, y diferentes movimientos sociales y próximos a la izquierda abertzale lo celebraron en Irun.

El Aberri Eguna de 2006 estuvo marcado por la ilusión por el “Alto el fuego permanente” declarado por E.T.A. a finales de marzo. Sin embargo la fiesta vasca de este año ha estado marcada por el “bloqueo” del proceso, por la escasa luz que se divisa al final del túnel. Un túnel que por el contrario cada vez esta más lejos ya que el egoísmo de partidos políticos, gobiernos y terroristas no deja avanzar en un proceso que el pueblo pide a gritos.

El Aberri Eguna de la última década se ha convertido en una comida popular donde acercar los dirigentes y cargos electos a las bases y afiliados o simpatizantes, leer un comunicado y consensuar una posición de bloque en torno al partido político. Este acción me parece correcta y completamente satisfactoria pero lanzo un intento de “salvación” de esta fiesta, nuestra fiesta e intentar que el 2008 sea un Aberri Eguna donde todos, todos los euskaldunes, sean del partido que sean, lo festejemos juntos y en paz.

Creo que ese Aberri Eguna pasaría a ocupar paginas y paginas de los libros de historia, porque pretendemos escribir la historia cada uno, en vez de juntarnos y escribir todos una misma. Convivir, respetar, libertad, paz, derechos... son palabras que tanto echamos en falta los vascos.

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