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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El objetivo de la vida no consiste en ganar dinero

Rita Villena (Málaga)
Redacción
jueves, 12 de abril de 2007, 23:35 h (CET)
Cuando mis hijos se iban aproximando a decidir por los estudios que iban a realizar, recuerdo que se comentaba: “esta carrera tiene mucha salida…”vas a ganar mucho”…”es el futuro”. Pues bien, yo hablaba siempre con ellos y les decía: fijaos lo que os cuesta estudiar una materia, si encima estáis estudiando una cosa que no os agrada, os costará más trabajo, no estaréis contentos y encima no agradáis a Dios. Porque, en la vida todo hay que hacerlo por amor. Esto que vais a estudiar, será el trabajo que tengáis que hacer toda vuestra vida y sino os gusta, ya me diréis, con la ilusión y amor que lo vais a desempeñar.

Ahora leo, que el Papa se reunió el domingo de Ramos, con más de 50.000 jóvenes de diversas ciudades y entre muchas cosas más, les aconsejó: “La decisión fundamental de dejar de considerar la utilidad, la ganancia, la carrera, y el éxito, no son el objetivo último de la vida, para reconocer sin embargo como criterios auténticos, como la verdad y el amor, porque en el estudio, en el trabajo, en la convivencia, en toda nuestra vida, lo más importante es buscar a Dios”.

Es lo que yo he querido transmitir siempre a mis hijos, que en la vida, todo lo debemos hacer para dar gloria a Dios. Y puede ser de muchas maneras: porque no es más importante el que ha decidido hacerse Ingeniero, Economista, Médico, Profesor, Bombero, Cocinero, Barrendero, Panadero…todo trabajo es necesario y útil, sino fuera por estas y otras tantas personas que nos ayudan día a día nada podría funcionar. Por eso, el trabajo más importante de todos, es el que se hace con más Amor.

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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