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Etiquetas:   TEATRO CRÍTICA   -   Sección:   Revista-teatro

Volver a ser primitivos

“The Homecoming”
Redacción
martes, 10 de abril de 2007, 09:12 h (CET)
La obra de Harold Pinter llega al TNC de la mano del director del centro de Artes Escécnicas de Reus Ferran Madico

Rafaela Rivas
¿Alguna vez os habéis preguntado el motivo de algo sin llegar a ninguna conclusión? Algo parecido sucede con este espectáculo. Sensación de incertidumbre y de sorpresa es la que deja al público asistente la representación de Tornar a casa (“The homecoming”), una de las obras más conocidas y controvertidas del dramaturgo británico. Tratándose de Harold Pinter no era de extrañar; algunos ya sabíamos que se trata de un autor especial, con un estilo propio (que lleva por nombre el suyo mismo “pinteriano”), es por eso que se le otorgó el premio Nobel de literatura el año 2005. Esta pieza, traducida al catalán por Joaquim Mallafré, ya tuvo su éxito en su estreno el año 1965, tanto por su fuerza como por su puesta en escena, y ahora no podía ser menos. Aunque hayan pasado 44 años desde su escritura el texto es prácticamente adaptable a la sociedad actual. Con su estilo genuino Pinter nos introduce en su mundo, un universo donde las relaciones humanas se ven y se viven de manera diferente, casi surrealista, con un humor sorprendentemente desagradable.
En este espectáculo la acción transcurre en una sala de estar típicamente inglesa, una única habitación donde suceden tantas cosas que el espacio parece modificarse cual camaleón para adaptarse a los personajes y sus contextos, es más, en ocasiones incluso podemos llegar a olvidar la acertada escenografía, hasta tal punto que llega a desaparecer en nuestro imaginario. El texto y la lectura del mismo es el elemento central del espectáculo y el motor que mueve a los personajes. Los actores consiguen que se llegue a respirar tensión en el aire, tanto de la escena como de la platea. Cada uno de ellos desarrolla comportamientos y actitudes en algunos momentos hasta primitivas, instintivas, casi salvajes y profundamente inmorales, desafiantes y chocantes para el espectador, pero asimismo gustosamente apasionantes. Madico ha dirigido el espectáculo impregnándolo de la esencia pinteriana y muy similar a la esencia de un Strindberg o Ionesco, e incluso Pirandello, con toques de teatro de lo absurdo. A señalar algunos momentos coreografiados de la obra en los que indudablemente la posición y movimientos de los actores nos hablan por si mismos. Un espectáculo cargado de silencios dramáticos, en ocasiones incluso irrespirables, pero necesarios para mantener esa esencia que los mismos actores se encargan de transmitir. A simple vista la interpretación de los actores puede parecer lineal, frívola y hasta excesiva en algunos casos, pero lo importante es el desarrollo psicológico de cada uno de ellos más que la superficie que nos muestran. Lo que verdaderamente importa es el subtexto de los diálogos que mantienen en forma de lucha para obtener el poder, una lucha imprevisible que te va enganchando hasta el final.
A destacar Francesc Lucchetti, excelente en su papel de Max (el padre aparentemente autoritario pero que ha perdido todo su poder en el núcleo de la familia) jugando con su personaje hasta llevarlo a los extremos. Y una sorprendente Àurea Màrquez en el papel de Ruth, (la esposa de Teddy, el hijo que decide volver a casa). Con ella la obra se perfila e incluso descubrimos el sentido o sinsentido del texto (increíble la fuerza que puede llegar a tener una mujer, ¿no?) Todos los personajes se someten a las reglas de un juego que se establece en escena, un juego basado en la lucha para conseguir el poder, un lugar en la familia, un lugar en el mundo, aunque de ello dependa la supervivencia de la moralidad… Aunque si lo pensamos fríamente ¿a quién no le gustaría volver a ser primitivo? Dejarse llevar, sin represiones, sin prejuicios, sin nada establecido y sin motivación aparente, simplemente hacer lo que te apetezca y decirlo de la manera que te plazca, sin preguntas, sin respuestas...Esto es difícilmente practicable, suerte que tenemos el teatro para poder experimentarlo, como público, y con esta obra os aseguro que aunque extrañados iréis explorando los límites de lo humano, vuestros propios límites, y hasta podéis llegar a sorprenderos.

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