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Siempre queda poner el apetito en otra oveja
Pelayo López
No me lo creo. No me creo que el lobo se haya convertido de la noche a la mañana en oveja, y, encima, lo reconozca abiertamente, en público, con el consiguiente descrédito que puede suponer para su fachada de reputada imagen, y lo haga, además, con la máxima resignación posible. No me lo acabo de creer. Puede que sea porque, en este caso, la piel de cordero no acaba de caerle bien, de favorecerle, al lobo en cuestión. Y no me lo creo, tampoco, porque quien lleva meses nadando para intentar llegar a la orilla, desista, y deje caer los brazos, cuando estaba más cerca que nunca y casi rozaba tierra firme con la yema de los dedos.
El rostro identificador del Monopoly es afable, incluso bonachón, y, al fin y a la postre, lo que pretende es hacerse con el mayor número de manzanas posible. Este mismo espíritu, puedo suponer, es el que inunda todas y cada una de las acciones de los protagonistas de este cuento de nunca acabar. E.on, Gas Natural, Enel, Acciona, Caja Madrid… todas y cada una de estas empresas buscan crecer, y eso suele implicar, casi siempre, hacerlo a costa de las demás. Aquello de que el pez grande se come al chico, tampoco es la única norma, así que, en ocasiones, ocurre todo lo contrario y, manejando su destreza, consiguen sacar su rendimiento absoluto y comerse al grande, eso sí bocado a bocado que no cabe a la primera. La energética alemana –los germanos tienen cierta fama en esto de los negocios, y en general también- depositó hace meses sus esperanzas de crecimiento en nuestro país, concretamente, en nuestra mayor y más próspera eléctrica. Paso a paso, consiguió desbancar al primero de sus adversarios, y, haciendo encaje de bolillos por delante y por detrás, léase de cara al público y también en la trastienda, logró situarse en la posición más favorable.
Sin embargo, la entrada en escena de nuevos personajes imposibilitó, en un primer momento, el feliz enlace para algunos, y, finalmente, parece que la ruptura ha sido, en algunos aspectos, definitiva. Llega a tal punto lo extraño de cualquier tipo de negociación que, ahora, resulta que la alemana se ha dejado por el camino aquellas primeras esperanzas en beneficio de la alianza Enel-Acciona. Que la unión hace la fuerza no es algo nuevo, y puede que, cuando se peca de prepotente, el tiburón termine siendo la presa. No obstante, toda estrategia puede ser bienvenida si la dicha no es buena para tornar el rumbo y que la marea haga más fácil nuestro navegar. Ya se sabe, aunque no sea lo mismo y sólo sea el segundo plato, y eso a nadie le gusta, siempre queda poner el apetito en otra oveja.
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