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Etiquetas:   Reales de vellón   -   Sección:   Opinión

La ley de paridad

Sergio Brosa
Sergio Brosa
martes, 10 de abril de 2007, 10:05 h (CET)
La mediaticamente llamada ley de paridad, con objeto de hacer el chiste fácil de que le sobra una “d” se llama ley de igualdad. Si bien su nombre técnico es “Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres”.

La tramitación y posterior aprobación de dicha ley ha traído como consecuencia inmediata que se hable y mucho, del acceso obligatorio de las mujeres a los puestos directivos de las empresas y sus consejos de administración, tanto públicas como privadas. De que si no va a haber suficientes mujeres capacitadas para ocupar tales puestos de responsabilidad, como si en la actualidad todos los hombres al mando estuviesen capacitados para asumir la responsabilidad que por sus cargos tienen. Y no haremos aquí un escandallo para no convertir esta columna en una tira cómica.

De hecho, la ley tiene un título preliminar; ocho títulos y 78 artículos en total; 31 disposiciones adicionales, 11 disposiciones transitorias, 1 disposición derogatoria (relativa a la derogación de cuantas normas de igual o inferior rango se opongan o contradigan lo dispuesto en la presenta ley); y 8 disposiciones finales.

El artículo 75, correspondiente al Título VII sobre la igualdad en la responsabilidad social de las empresas, se refiere a los consejos de administración de las empresas privadas y lo hace en los siguientes términos: “Artículo 75. Participación de las mujeres en los Consejos de administración de las sociedades mercantiles.

Las sociedades obligadas a presentar cuenta de pérdidas y ganancias no abreviada procurarán incluir en su Consejo de administración un número de mujeres que permita alcanzar una presencia equilibrada de mujeres y hombres en un plazo de ocho años a partir de la entrada en vigor de esta Ley.

Lo previsto en el párrafo anterior se tendrá en cuenta para los nombramientos que se realicen a medida que venza el mandato de los consejeros designados antes de la entrada en vigor de esta Ley.”

De manera que lo que más ha llamado la atención de esta ley, por lo que se han llenado la boca propios y extraños; a la contra y por la banda, en cuanto a lo que comentamos más arriba, sobre la capacidad y número de las mujeres necesarias para acceder a los consejos de administración de las empresas privadas, resulta, de la lectura directa de la propia ley, una recomendación que no una imposición perentoria, como se ha querido malévolamente –o por puro desconocimiento– hacernos creer. Repetimos: Las sociedades…/… procurarán incluir…/… en el plazo de ocho años… En eso han resumido muchos su comentario a esta extensa y prolija ley.

Así está más claro, desde luego, pues una cosa es la obligatoriedad de presentar cuenta de pérdidas y ganancias no abreviada y pagar el impuesto sobre beneficios y otra muy distinta, obligar a tales empresas a nombrar un número de consejeros equilibrado entre, entre hombres y mujeres. Porque si una empresa, por sus peculiaridades tiene en su consejo de administración más mujeres que hombres debería recomponer el consejo, pero iría en contra de lo que postula la ley.

Cómo se lleve luego a la práctica este artículo de la ley, es harina de otro costal.

En EE.UU., que en muchos aspectos empresariales van tres pasos por delante de la UE y en otros también, se ha creado el DirectWomen Institute, patrocinado principalmente por el American Bar Association (ABA) y Catalyst.

El ABA es la mayor asociación voluntaria profesional del mundo, con más de 400.000 miembros. Proporciona acreditación a las escuelas de leyes, formación legal continuada, información sobre leyes, programas para asistir a juristas y jueces e iniciativas para mejorar el sistema legal para el ciudadano. Viene a ser el colegio profesional de abogados a nivel estatal.

Catalyst es la organización líder en investigación y asesoramiento que trabaja con empresarias y profesionales para la construcción de un tejido exclusivo y la expansión de oportunidades para las mujeres trabajadoras. Como organización independiente sin ánimo de lucro, Catalys dirige la búsqueda en todos los aspectos del avance de la carrera profesional de las mujeres, proporcionando estrategia sobre la base de servicios globales de consultoría. Con la colaboración y confianza de empresas miembros y bufetes, está conectada a los negocios y sus necesidades cambiantes. Además, Catalys honra las iniciativas ejemplares de negocio que promueve el liderazgo de las mujeres con los premios anuales Catalys. Tiene oficinas en diversas ciudades norteamericanas y en Toronto y es continuamente clasificada la número 1 entre las entidades sin ánimo de lucro sobre el tema de las mujeres, por el American Institute of Philanthropy.

Aunque fundamentalmente circunscrito al ámbito de las mujeres juristas, a través del DirectWomen Institute se pretende su incorporación paulatina a los puestos directivos, no mediante leyes que de alguna forman obliguen a la administración del estado y conminen a las entidades privadas a admitirlas y/o promocionarlas, sino trabajando duro en cuatro frentes, a saber:

Proporcionándoles directamente a ellas, las profesionales, el desarrollo estratégico de una carrera y una red de oportunidades a las mujeres que actualmente se hallan en la práctica activa del derecho mercantil que deseen continuar apoyando el mundo empresarial.

Reforzando las virtudes de la diversidad de sexos en las mentes de los directores de empresa, y ampliando su apreciación por la tremenda reserva de talento experimentado que representan las mujeres expertas en la práctica de la legislación en los negocios.

Asociándose con empresas de caza talentos y facilitando su acceso a mujeres bien cualificadas, para posiciones de dirección.

Reconociendo y honrando a las abogadas que trabajan en los consejos de sociedades anónimas de empresas líderes y remarcando el valor de la diversidad en los consejos de administración.

Sin embargo, las cosas no son porque sí. De una parte, la impulsora del DirectWomen Institute, Barbara Paul Robinson, fue la primera mujer socio de la firma de abogados Debevoise & Plimpton, de Nueva York y medio mundo; fue la primera mujer que presidió el New York City’s bar association. De otra parte, preside el ABA Karen J. Mathis, una jurista con más de 30 años de experiencia en el campo de los negocios.

De manera que para poder echar a andar estas instituciones en ayuda de la mujer y su derecho a que se reconozca su valía profesional, de una manera seria y formal, al margen del paternalismo de estado, hay que hacerlo sobre la base de las mujeres que ya han llegado por méritos propios y son capaces de apoyar a las que están en el camino, para auparlas a los puestos decisorios por su capacidad profesional y experiencia. Las de arriba tienen una posición privilegiada para moverse en este contexto, pues las que lleguen aupadas por efecto de la ley de la igualdad, no van a tener el reconocimiento profesional necesario para darles credibilidad.

En nuestro país, si los colegios profesionales se creen la ley de la igualdad, deberían preparar a sus afiliadas para afrontar con rigor este futuro profesional que propiciará la ley.

No estoy muy seguro que esta ley acabe, a la larga, por beneficiar a las mujeres en el contexto empresarial a que nos hemos referido.

Felices Pascuas.

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