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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Algún día el hombre dejará de comer carne

José Vicente Cobo
Vida Universal
martes, 10 de abril de 2007, 18:42 h (CET)
Leonardo Da Vinci, genio universal conocido por todos, declaró: "El hombre es en verdad el rey de todos los animales, pues su crueldad sobrepasa a la de estos. Vivimos de la muerte de otros. ¡Somos tumbas andantes! Llegará el día en que los hombres serán juzgados por la muerte de un animal como hoy se juzga el asesinato de un hombre. Llegará el tiempo en que comer carne será condenado como hoy se condena el comerse a nuestros semejantes, es decir, el canibalismo".

Para muchos ha llegado ya ese tiempo maduro profetizado por Leonardo Da Vinci. Hoy ya es el tiempo en que cada vez más personas consideran que comer un animal es comerse al prójimo, es decir canibalismo. Esto únicamente se puede apreciar con acierto cuando uno mismo se ha apartado paulatinamente del consumo de carne y pescado, es decir, cuando ha dejado de comer animales. Entonces es capaz de reconocer que los animales no fueron puestos por Dios en la Tierra para ser devorados, no es esa su finalidad a pesar de que durante miles de años nos hayan hecho creer esto.

Tampoco es veraz la conocida y anticuada frase de que un trozo de carne es un trozo de vida. Cada vez más médicos, dietistas y científicos pueden declarar sin reparo, que una alimentación vegetariana equilibrada y completa, es la más sana para el ser humano.

Las múltiples enfermedades provenientes del reino animal, como la gripe aviar, la fiebre aftosa, la lengua azul, la EEB (vacas locas), realmente son enfermedades que el hombre ha causado en el animal y que ahora vienen de regreso a él, y cuyas consecuencias reales son acalladas en muchas ocasiones tanto por los servicios sanitarios, como por los medios de comunicación. Realmente un carnívoro no sabe lo que come, ni las consecuencias que algún día provocará la ingesta de carne en su organismo.

Por otra parte no menos importante que debería considerar una persona que coma carne, es el miedo y el dolor que se queda adherido en la carne del animal asesinado y que es pasado a su organismo al consumirlo; esto causa a la larga problemas físicos y anímicos en el ser humano. Esto sucede porque el miedo y el dolor no desaparecen a pesar de que muchas personas digan no poder demostrarlo, sin embargo la ciencia cada día da más pasos en confirmar qué ninguna energía se pierde.

Los animales sienten de forma parecida a nosotros. Su sistema nervioso central funciona igual que el nuestro, lo que viene a decir que su dolor y su miedo se transmite de la misma forma que en nosotros, por lo que un animal sufre cuando es matado, cuando es forzado, cuando es encerrado en estrechas y oscuras jaulas, cuando es utilizado en experimentos, cuando es usado en los erróneamente llamados deportes, cuando es transportado durante miles de kilómetros a temperaturas extremas y si espacio para moverse y respirar, cuando es en definitiva maltratado y explotado. Por lo tanto si ninguna energía se pierde, ¿donde está acumulado tanto dolor y sufrimiento del reino animal inflingido por el ser humano?

Si nos atenemos a la ley universal de causa y efecto, que es lo mismo que la ley de siembra y cosecha, no tendremos mas remedio que asumir que los oscuros nubarrones que se acumulan en el horizonte de esta humanidad, presagian tormenta, lo que metafóricamente vendría a significar que las causas creados por los hombres a los largo de miles de años de abuso y crueldad hacia los reinos de la naturaleza, algún día se volverán contra nosotros mismos en forma de efectos.

Nunca en la historia de la humanidad el hombre había causado tanto sufrimiento a los animales como lo está haciendo en nuestros días. Todo esto sucede en países que pretenden tener una ética y una moral como fundamento de su legislación y que se sienten comprometidos ante los derechos humanos y la humanidad.

¿Pero cómo se ha llegado al menosprecio actual de los animales y a los abusos que reciben por parte del hombre?

Ante esta pregunta deberíamos no obviar que para las Iglesia oficiales, el hombre es la cumbre de la creación, a quien la naturaleza y los animales tienen que servir. El amor por los animales de un Francisco de Asís pasa a la historia como un mero episodio, sin embargo las erradas enseñanzas de Tomás de Aquino siguen vigentes en la actualidad desde la Edad Media, según éstas, los animales no tienen alma. Esta premisa ideológico-religiosa ha sellado el miserable destino de los animales por casi 2000 años. Lo que llevado a su máxima expresión, ha dado lugar a un sufrimiento indecible.

Para salir del dictamen de la producción industrializada de carne, no sólo por salud, por ayudar a combatir el hambre en el tercer mundo o por no seguir contribuyendo al cambio climático, sino por respeto ante la vida de los animales, se necesitarían leyes constitucionales que prohibieran la superproducción de animales para su matanza así como una reprogramación progresiva de nuestras costumbres a la hora de comer. No habría que hacerlo de la noche a la mañana y constatar la caída económica de un ramo que conlleva tantos puestos de trabajo, sino por medio de un trasvase paulatino hacia un trato pacífico hacia las otras criaturas.

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