Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Con permiso   -   Sección:   Opinión

Pío Moa (I)

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
lunes, 9 de abril de 2007, 09:33 h (CET)
Tengo que empezar por una confesión: Jamás leo a Pío Moa. Todo lo que tengo son amplias, muy amplias, referencias de su línea de pensamiento. No lo leo por las mismas razones de higiene mental que me impiden seguir a Federico Jiménez Losantos, escuchar la SER o presenciar la entrevista de cien españoles a Zapatero. Creo que debí ser uno de los pocos ciudadanos que prefirieron ver un documental sobre el Kalahari, o al menos eso me dijeron en la tertulia televisiva del otro día.

Hay personajes que no me interesan, qué le vamos a hacer, porque estoy convencido de que nada bueno me aportan, que nada nuevo me enseñan y nada diferente me proporcionan. Pío Moa, al igual que tantos exégetas del Zapaterismo, al igual que tantos telerradiopredicadores, al igual que tantos otros, periodistas o no, son personajes de teorías desequilibradas, vencidas radicalmente hacia alguno de los dos lados. Y no me informan, sino que me deforman.

Parto, cómo no, de que todo es interpretable y opinable, de que siempre la realidad es del color del cristal que uno prefiere. Pero en cuanto leo, oigo o veo a alguien cuyas opiniones dan siempre la razón a los mismos, cuando para alguien siempre yerran los mismos, veo que algo falla. No, no me creo que siempre la razón la tengan unos, santos y benditos de Dios, y que los malos, torpes y perpetuamente equivocados sean los otros, malvados ellos.

La Transición política me pilló en plena madurez juvenil, con suficiente información, formación y criterio para tener una opinión de lo que allí estaba pasando. La legalización del PC, que ahora recordamos, me pilló tomando una cocacola con un miembro local del PC, siempre lo recordaré. Y el 23-F, comprándome unos pantalones tras salir de trabajar del primer lugar donde ejercí mi labor. Presenciar todo aquello, vivirlo e informarme sirvió para cuajar en mí un elevado interés por cuanto lleva ocurriendo desde entonces. Ni siquiera entonces me creí que vivía en un mundo dividido en dos mitades enfrentadas, franquistas contra demócratas, buenos contra malos. No creo que entre las ideologías dominantes en esta España haya una perversa y otra que sea la octava maravilla del universo.

Lamentablemente hay muchos que lo creen y se empeñan en perseguirnos para que lo creamos. Nos venden su división desde todos los medios de comunicación, nos asaltan al desayunar desde la radio, al ir por la calle desde un escaparate o desde la vieja tapia abandonada donde han colocado un cartel (me niego a emplear aquí ese anglicismo con el que nos hacen convivir) desde el que un político me quiere vender su sonrisa profidén.

Somos lo que leemos, somos lo que nos cuentan, lo que vemos, lo que nos informamos, por eso escojo con cuidado mi alimentación espiritual. Leo los periódicos que leo y casi todos por obligación. Por eso no escucho la SER, siendo un eterno enamorado de la radio, ay, días en que me acostaba con ella bajo la oreja. Por eso me parto de risa y de pena y rabia cuando Polanco nos telepredica desde su junta de accionistas, por eso me escapo cuando oigo la voz mañanera del locutor perpetuamente cabreado de la COPE, por eso no me gusta una sociedad dividida en bandos, por eso no me gusta una sociedad que te encasilla en un bando porque no estás de acuerdo con el otro.

Me recomiendan que lea la traducción de una entrevista a Pío Moa en un periódico polaco, dado que la recomendación viene de alguien a quien valoro altamente he hecho caso. Pero permítanme que de esa entrevista escriba más adelante, tal vez mañana.

Noticias relacionadas

Patriotismo vs. pasotismo

“Cuando la patria está en peligro no hay derechos para nadie, sino sólo deberes” E. von Wildenbruch

La retirada de Trump del acuerdo sobre cambio climático y el movimiento social que desencadenó

Falta de educación

El respeto, la educación y los buenos modales se están perdiendo en los adolescentes

El nefasto cuento de la lechera del separatismo catalán

“Es lastimoso que seamos seducidos por nuestras propias bufonadas e invenciones” M.E de Montaigne

Sin retorno

a locura melancólica no tiene sentido; pero el reto del progreso no admite enajenaciones
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris