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Etiquetas:   Cartas a un ex guerrillero   -   Sección:   Opinión

De la muerte a la vida

Sor Clara Tricio
Sor Clara Tricio
lunes, 9 de abril de 2007, 09:35 h (CET)
Querido Efraín: San Pablo, para celebrar la dicha de la salvación recuperada, dice: “Lo mismo que por Adán entró la muerte en el mundo, de la misma forma, por Cristo la salvación fue establecida en el mundo”; y en otro lugar: “El primer hombre, hecho de tierra, era terreno; el segundo hombre es del cielo”.

Y añade: Nosotros, que somos imagen del hombre terreno, o sea, del hombre viejo y de su pecado, seremos también imagen del hombre celestial, esto es, del perdonado, redimido, restaurado; y, en Cristo, alcanzaremos la salvación del hombre renovado, como dice el mismo apóstol: Primero, Cristo, es decir, el autor de la resurrección y de la vida; después, los de Cristo, o sea, los que, por haber vivido imitándole, tienen la firme esperanza en la resurrección futura y de poseer, con Cristo, el reino prometido, como dice el mismo Señor en el evangelio: “Quien me siga no perecerá, sino que pasará de la muerte a la vida.”

Por ello podemos decir que la pasión del Salvador fue la salvación de la vida de los hombres. Para esto quiso el Señor morir por nosotros, para que, creyendo en él, llegáramos a vivir eternamente. Quiso ser, por un tiempo, lo que somos nosotros, para que nosotros, participando de la eternidad prometida, viviéramos con él eternamente.

Ésta es la gracia de los sagrados misterios que se han conmemorado la semana que hoy concluye, éste el don de la Pascua, éste el contenido de la fiesta anhelada durante todo el año, éste el comienzo de los bienes futuros.

Ante nuestros ojos tenemos a los que acaban de nacer en el agua de la vida del Bautismo; reengendrados en la sencillez de los niños, nos recrean con los balbuceos de su conciencia inocente. Destellan las llamas de los cirios de los recién bautizados, quienes, santificados por el sacramento del agua, reciben el alimento espiritual de la eucaristía.

Aquí, cual hermanos de una única familia que se nutre en el seno de una madre común, los neófitos adoran la divinidad y las maravillosas obras del Dios único en tres personas y, con el profeta, cantan el salmo de la solemnidad pascual: “Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.”

Pero, ¿de qué día se trata? Sin duda de aquél que es el origen de la vida, el principio de la luz, el autor de toda claridad, es decir, el mismo Señor Jesucristo; quien afirmó de sí mismo: “Yo soy la luz del mundo: si uno camina de día, no tropieza”, es decir, quien sigue en todo a Cristo, caminando siempre tras sus huellas, llegará hasta aquel solio donde brilla la luz eterna; tal como el mismo Cristo, cuando vivía aún en su cuerpo mortal, oró por nosotros al Padre, diciendo: “Padre, éste es mi deseo: que los que creyeron en mi estén conmigo donde yo estoy, como tú estás en mi y yo en ti: que también ellos estén en nosotros.”

Os envío los mejores deseos, y con la esperanza de que sigáis todos bien, recibir un cariñoso saludo, CTA

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