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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Hilo de seda

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 9 de abril de 2007, 09:33 h (CET)
Esta es una historia poco común. La rareza viene determinada por la segunda de sus dos etapas. La primera la llevamos todos encima y la segunda no suele resolverse casi nunca, de ahí su rareza. Quién si no puede dudar de esa DOBLE CARA que todos portamos por dentro, blanco y negro, tranquilo y nervioso, sentimental o frío despótico, y así sucesivamente con cada cualidad examinada. La segunda y resolutiva fase del enigma no llega nunca a dictaminarse. Queda en el aire la duda. ¿Llegan a juntarse las dos caras?

No siempre se alcanzan los extremos al estilo del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, en ellos se fraguaron unas personalidades muy controvertidas, paradigmáticas de esta doblez y tenebrosas a la vez. Otra cosa es que ahondemos en otros ejemplos. Podemos preguntarnos si lo del ínclito Carod-Rovira son caras distintas, según esté en el sur de Francia, en la poltrona o inficcionando al país; o para mal, ya se eleva al nivel de una personalidad ofuscada y extrema, como las referidas. Según la respuesta que obtengamos, estaremos inquietos por conocer el tipo de rostro que les quedaría a sus compañeros de pacto en el gobierno catalán, así como los de sus compañeros de intrigas fuera de ese gobierno, sobre todo con el conocido Artur Más, el subterráneo, por que medra e intriga en diferentes trastiendas, en la Moncloa o en Cataluña, pero si no con nocturnidad, si con ocultamiento.

Don Miguel de Unamuno nos legó una obra con suficientes matices para profundizar en torno a esas dos caras referidas, enfrentadas o dispares, dentro de la personalidad propia de cada individuo. Me refiero a la novela "San Manuel Bueno, mártir". El sacerdote protagonista nos introduce por razonamientos muy actuales, aunque no nuevos. A él eso de las alturas divinas no le va demasiado, quizá no alcance a vislumbrarlas o quizá se le acumula el trabajo con sus feligreses. El alma y la divinidad las utiliza más bien como recurso para mantener la esperanza, si bien no es portador de argumentos esenciales. Sus desvelos van encaminados a obtener el consuleo y el apoyo para ese pueblo a su cargo. ¿Les suena esta tesitura? Lejanía divina en el horizonte; desventuras cotidianas y muy palpables.

En estas últimas semanas la Iglesia amonestó públicamente a través de sus portavoces al jesuita Jon Sobrino, por unas afirmaciones con un talante similar al del personaje unamuniano. ¡Separación desgarradora! Lo divino y lo humano. ¿Dos lados separados? ¿Enfrentados? La literatura y la vida van de la mano en la expresión de esas diferentes perspectivas a las que tan propensos somos los humanos. Disquisiciones irresolubles y a veces trágicas.

Para la ilustración de estas actitudes personales, con su doblez como rasgo característico, en todos los tiempos brotaron ejemplos literarios; simplemente expresan algo intrínseco al ser humano. La ficción consegruirá los resaltes estrambóticos necesarios para destacar los rasgos.Escojamos el relato del vizconde demediado, Medardo de Torralba era su nombre y en sus aventuras asaltó con la espada un cañón enemigo; naturalmete, recibió un cañonazo certero que le partió el cuerpo en dos mitades idénticas. Cada una de las DOS MITADES pudo sobrevivir por separado trás los cuidados recibidos. Italo Calvino les confiere capacidad vital propia, con la particularidad que más me interesa resaltar hoy; cada mitad se opondrá a la otra en situaciones diversas. Medardo el malo, pretendía el desgarro a su imagen y semejanza de cuantas gentes y objetos se le acercaban. Medardo el bueno bullía en los intentos por aliviar las incompletudes suyas y las de sus contemporáneos. En esta narración, la solución deseable sigue los caminos de la fantasía. ¿Por qué partidos? ¿Se puede pensar en alguna solución?

¡Qué manía con la partición! En la política, partidos; en las religiones o creencias, divididos; en el deporte, partidarios acérrimos y exclusivos. Y si nos echamos una mirada por dentro estamos muy dispuestos al cambio de aspecto según nos convenga. También estamos demediados, escindidos en dos mitades como el personaje de Italo Calvino. Una venimos mostrándola como el buen salvaje, natural, puro, altruísta y desconocedor de la maldad. Mucha falsificación interesada y autopropaganda, burdos ocultamientos de los aspectos humanos menos favorables. La otra visión tampoco se para en nimiedades, a la vez pretendemos ser muy civilizados, todo cultura, educación y mimbres de altas esferas. ¡Ah! Tendemos a encandilarnos nosotros mismos con esos sueños, cuando la bondad o maldad no dependen de la rudeza ni del refinamiento. ¿Qué haremos con las dos mitades?

Se nos vienen a la cabeza arrebatos de romper con todo cuando estamos hartos; pero atisbamos la amenaza del caos. Mas cuando nos acercamos a las inconsistencias o a los desbarajustes, quisiéramos ordenarlo todo; entonces atisbamos el peligro de un orden castrante y rutinario. Otra especie de doble vertiente de TENTACIONES y AMENAZAS. La doblez es nuestro sino y estamos encarados a unas disyuntivas permanentes. Eso mismo, en el fondo es un potencial apasionante si lo afrontáramos con decisión y creatividad; pero se tornará un caudal de miserias si permanecemos pasivos, sólo recibiendo impactos de otras actuaciones ajenas.

En estas características humanas tan naturales, sirven de poco las imposiciones foráneas; los métodos coercitivos provocan represiones cuyas consecuencias lógicas serían nuevas broncas y quizá de mayor potencia. El derecho tampoco disimula los numerosos recovecos; como normas generales de una sociedad, las excepciones y particularismos desvirtúan el plan demasiado general. No resulta ni fácil ni prometedor eso de poner puertas a una de las esencias humanas, como lo es esta de las variables disponibles, a la vez agresivos y pacíficos, dependiendo de la tecla percutida.

Por mucho empeño puesto en las intenciones de hacer valer las etiquetas y definiciones rimbombantes; los diferentes profesionales, dirigentes, personajes públicos o simples particulares, no pueden desprenderse a su gusto de las diferentes caras de las que son portadores. Estamos constituídos así, no es una elección. Es un hecho que esto nos conduce a grescas y frustraciones enormes. Por eso, con mucha suavidad y buen hacer convendrá la sutura para mantener unidas las dos mitades de la escisión.

Eso sí, en el caso de hacerlo bruscamente, a mucha tensión, si la sutura es muy basta, los hilos muy gordos; las futuras tensiones y estallidos serán la norma. Se hace imprescindible un procedimiento sutil que consienta en tolerancias y diferencias. Coser y volver a coser, como auténticos artistas de la sutura, utilizando material firme y tenue a la vez, suturando con HILOS de SEDA.

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