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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El País, ¿experto en temas religiosos?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 7 de abril de 2007, 08:37 h (CET)
Es curioso la forma persistente y sesgada con la que la prensa del señor Polanco –ya saben, el capitoste máximo del grupo Prisa –, se empecina en atacar, siempre que se le presenta la ocasión propicia, a la Iglesia Católica. Contrasta esta actitud sectaria con el respeto que muestra ante el resto de congregaciones religiosas que, cada vez más, se extienden por toda la piel de Toro.Quizá lo podamos atribuir, en algunos casos, a que en determinadas comunidades, como por ejemplo, el Islam, no se anda con chiquitas cuando alguien se entromete en sus creencias. Lo cierto es que parece ser que el Gobierno español está dispuesto, a toda costa, a acabar con la religión católica. Es una de las viejas revanchas que tiene pendiente de llevar a la práctica.

El periódico el País se ha constituido en la avanzadilla del Gobierno en esta labor demoledora para intentar, a la menor ocasión que se le presenta, menguar el crédito de la Iglesia. Lo malo es que, en esta labor, incurre en errores de novato. Mal podrán juzgar a los católicos y a sus Pastores aquellos que desconocen por completo los principios que rigen esta institución religiosa. Desde su propia fundación, la iglesia Católica se ha dedicado a obras a favor de la ciudadanía necesitada con el más completo altruismo; todas ellas complementarias de su función principal que es la de orientar a los fieles en orden a alcanzar la salvación de sus almas. Es evidente que, en esta materia, poco o nada podrán opinar aquellos legos en la materia, los que nunca han leido un catecismo o una Biblia o el Nuevo Testamento o una obra de teología dogmática, escolástica o mística o un texto de apologética etc.Es por ello que estos críticos del País, que tanto se esmeran en pretender hurgar en los ámbitos competenciales de la religión católica, lo primero que debieran haber hecho, antes de juzgarla, sería haberse documentado un poco. Pero no lo han hecho ni lo harán, porque a ellos les basta, para atacar a los católicos, con la demagogía y la mala fe. Reminiscencias del anticlericarismo de los años anteriores a la guerra civil que tan alto tributo de sangre le costó a la Iglesia (más de 6000 sacerdotes y monjas masacrados por las turbas fanáticas movidas por intereses bastardos).

La última hazaña del periódico de Polanco y Zapatero ha sido meterse con el Cardenal Rouco Varela por haber cerrado una iglesia en Entrevías donde, al parecer, unos religiosos –dedicados a labores de ayuda a necesitados – se habían extralimitado en su forma de practicar los cultos divinos. Por lo visto se celebraban misas usando ritos que no se ajustaban a la liturgia católica. Vean por donde los “expertos” del País, metiéndose en camisas de once varas, desde su más supina ignorancia, ahora critican la actuación de monseñor Rouco por haber tomado la decisión de cerrar el local. Me gustaría ver como se pondría el señor Polanco si desde la jerarquía eclesiástica se hubieran entrometido en sus decisiones, más que discutibles, de echar del periódico a algunos periodistas por no ajustarse a las normas del grupo Prisa. ¡Habría que oirles! Seguro que se lanzarían como hienas al gaznate de quienes los criticaran.

Los argumentos de los iletrados del País se centran en el descontento de algunos elementos seglares que, por lo visto, apoyan a los sacerdotes infractores y se muestran contrarios a que se los lleven del barrio para ser sustituidos por miembros de la Cruz Roja, que seguirán desempeñando la labor humanitaria de sus antecesores.

O sea, que no se quejan porque queden desasistidos, sino porque les quitan a los que les inculcaban un tipo de prácticas religiosas contrarias a la liturgia de la Iglesia católica. Lo que debieran haber hecho los capellanes en cuestión, era dejar los hábitos y fundar su propia congregación religiosa, si es que no estaban de acuerdo con la doctrina que profesaron; así sus “fieles” hubieran podido optar por seguirles o no, sin causar el escándolo que ha dado motivo a su expulsión.

Y es que, este método de explotar la ingenuidad de algunos fieles para poner en cuestión a la Iglesia Católica, se está poniendo de moda en algunas localidades. Se forman manifestaciones en protesta contra la Iglesia cuando, haciendo uso de sus derecho, dispone del patrimonio artístico que le pertenece; se forman tumultos si determinados párrocos, con muy buen sentido, se niegan a administrar los sacramentos a personas que no están preparadas para ello o cuyas circunstancias personales los imposibilitan para recibirlos. En todo caso, resulta chocante que, en todas estas protestas, concurran elementos ajenos por completo a la Iglesia que son quienes, precisamente, más se significan en la agitación.

Es notorio, en este punto, la postura del gobierno de Zapatero, que se ha propuesto acabar con los católicos.Para ello ha recortado las ayudas del Estado a la Iglesia católica; les pone pegas para impartir la enseñanza privada; ha sacado del plan de estudios la impartición de la asignatura de religión; utiliza a la prensa que le es afín para esparcir, a diestro y siniestro, cualquier imperfección o flaqueza humana de los ministros de la iglesia para hacer aparecer lo excepcional como lo habitual. Se olvidan arteramente de que, a la Iglesia, se le debe el haber contribuido, desinteresadamente, a suplir las carencias que los gobiernos han tenido en materia tales como: la educación, la formación universitaria, la defensa de la moral, las obras caritativas y asistenciales, la atención a los enfermos, los asilos, los hospitales y un sinfín de otras obras asistenciales sin las cuales hubieran quedado desantendidas millones de personas necesitadas. ¡Un poco de respeto, señores Polanco y Zapatero, para los seguidores de la religión más enraizada y con más número de fieles que existe en este país!

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