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Etiquetas:   El crisol   -   Sección:   Opinión

Con ruedas de molino

Pascual Mogica
Pascual Mogica
viernes, 6 de abril de 2007, 08:20 h (CET)
Lamentable. Una vez más la actuación del arzobispo de Madrid, Rouco Varela, ha hecho un gran daño a la Iglesia Católica con el cierre de la parroquia de San Carlos Borromeo en el vallecano barrio de Entrevías.

Los motivos que el arzobispo ha esgrimido para cerrar esa iglesia son los de ser “un nido de herejías, que imparten la absolución colectiva y comulgan con rosquillas o turrón, en el colmo de los despropósitos litúrgicos y sacramentales”. Lo de “herejías” me recuerda a los tiempos de la Inquisición y esto me preocupa y asusta. En cuanto o lo de que se concreta como falta grave el practicar la “absolución colectiva” solo puedo decir que Rouco Varela, está tan metido en política que hasta se ha olvidado lo que aprendió de joven en el Seminario. Se olvida de que Jesús, desde lo alto de la cruz, pidió a su Padre que les perdonara a todos, a todos “porque no saben lo que hacen”. Quien iba a decirnos que en ese “todos” estaba incluido Rouco Varela, que “tampoco sabe lo que hace”.

En cuanto a comulgar con rosquillas o turrón. Creo que la rosquilla es lo que más se parece a aquellas porciones de pan que Jesús, en su última cena, entregó a sus discípulos y les dijo: “Tomad y comed todos de él, porque esto es mi cuerpo…..” para a continuación tomar el cáliz diciéndoles: “Tomad y bebed todos de él, porque este es el cáliz de mi sangre. Sangre de la Alianza…” La Iglesia Católica ha cambiado el pan que alimentaba el cuerpo y el alma de los componentes de la última cena por un trozo de oblea llamado “hostia” y que resulta más cómodo para el comulgante que debió resultarles a los apóstoles aquel pan que sin duda alguna estaría duro. Los pobres y más en los tiempos de Jesús, debieron comer muy poco pan blando. No habla Rouco Varela, del recipiente que utilizó Jesús para darle a sus discípulos el vino que representaba su sangre, pero seguro que hay bastante diferencia entre el usado por Jesús y sus discípulos y los que algunos obispos usan fabricados con oro y plata. No creo que esa diferencia la marque la liturgia, ni mucho menos la imponga.

Con el cierre de este templo de Entrevías pienso que se ha cometido un grave error. En primer lugar porque la Iglesia Católica no puede permitirse el cerrar ninguno de sus centros de oración y en segundo porque los obispos también están transgrediendo la liturgia al pretender que, debido a su actitud política que religiosa, comulguemos todos con ruedas de molino.

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