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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Las crecidas del Ebro son oro para Levante

Asociación Río Aragón
Redacción
viernes, 6 de abril de 2007, 13:20 h (CET)
Las crecidas en los ríos son imprescindibles para que los ecosistemas fluviales conserven su naturalidad. Con una crecida no se desperdicia el agua, al contrario, el río la usa para limpiarse y para arrastrar los sedimentos (que es alimento) hasta el mar donde van a formar parte de las playas.

Muchos dicen que estas riadas es agua que se pierde en el mar; eso es una soberbia estupidez. Los sedimentos que los ríos arrastran fertilizan las tierras que anegan y los que llegan al mar dan de comer a los bancos pesqueros, y son fundamentales para la regeneración de las playas de la costa mediterránea. Desde que se han construido los grandes embalses en la cuenca del Ebro y se han puesto miles de hectáreas de regadío, ya casi no hay crecidas en el Ebro. Como consecuencia, el Delta está desapareciendo, la pesca se ha reducido drásticamente y las playas de Levante son incapaces de regenerarse naturalmente (el oro que mantiene nuestro turismo), con lo que nos tenemos que gastar una millonada en regenerar unas playas que ya no serán lo que fueron y que además deberemos seguir regenerando hasta el infinito, pues el siguiente temporal se las llevará sin posibilidad de regeneración natural.

Por tanto, una crecida o dos al año de Ebro no sólo no es perjudicial sino que es una bendición. Está asegurando el futuro de las pesquerías costeras, del delta y ayuda a regenerar las playas. Está comprobado científicamente que las bateas de mejillón y ostras que hay en el delta producen más y de mejor calidad los años que hay crecidas que los que no.

Lo que no debemos hacer es ocupar los cauces de los ríos ni canalizarlos y respetar la vegetación de ribera. Las canalizaciones aumentan la velocidad del agua y agravan los daños tras el lugar canalizado. La vegetación de los ríos ayuda a retener las riadas, pues al chocar contra los troncos el agua pierde fuerza destructiva. La desaparición de la vegetación de ribera hecha por las “limpiezas” de los ríos agrava las riadas.

Por último, el agua de las crecidas es imposible de trasvasar pues habría que tener un tubo inmenso para poder sacarla del río y habría que bombearla 300 m para que pudiera bajar por el canal del trasvase. Y por último, ese agua con sedimentos, ni se puede bombear fácilmente ni tampoco sirve para regar tomates.

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