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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

El edén según Mingote

Octavi Pereña
Octavi Pereña
miércoles, 4 de abril de 2007, 21:11 h (CET)
Mingote, en uno de sus dibujos jocosos nos transporta hasta el Edén en donde Dios había instalado a nuestros primeros padres. El grafico nos presenta desnuda a la primera pareja. Aún no se habían confeccionado los delantales con hojas de higuera. Disfrutaban plenamente la inocencia en que habían sido creados. La ilustración deja entrever que alguna cosa empezaba a ir mal en nuestros padres edénicos. El árbol, cargado de jugosas manzanas que se muestran insinuantes entre el frondoso ramaje, tiene un nudo en el tronco. La mujer sostiene una manzana en la mano y la muestra provocativamente a su marido en una actitud como si le dijese: “¡Va hombre, no seas tonto, cómetela! Adán, con semblante pensativo mira a su mujer. El texto que acompaña a la ilustración dice. “¿Qué cosa importante tenía yo que recordar respecto a este árbol, hombre?……”

Si nos acercamos al texto bíblico que inspiró a Mingote a hacer la ilustración que comentamos descubriremos que el problema de Adán y Eva no era de memoria. Era otro. Si la falta de memoria hubiese sido la dificultad, la desobediencia que hicieron hubiese tenido un atenuante. La ingestión del fruto prohibido se hizo con plena conciencia de lo que se hacía.

Cuando el diablo disfrazado de serpiente habla con Eva y le propone que se zampe el fruto que ni tan siquiera podía tocar, ésta le responde. “Pero del árbol que está en medio del huerto dijo dios: no comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis” (Génesis,3:3). El diablo, haciendo uso de sus facultades persuasivas convence a la mujer para que coma tan sabroso fruto provisto de poderes excepcionales para quien se los haga suyos ingiriéndolo. A su vez, la mujer convence a su esposo para que se una a ella en su desobediencia. Tan pronto como el jugoso fruto traspasó los labios de Adán, la realidad se hizo muy distinta. La primera pareja descubre que han perdido su inocencia: se ven desnudos y se avergüenzan de su estado. Su imaginación se pone en marcha para intentar invertir la situación. Confeccionan unos delantales con que cubrir su desnudez que descubre la maldad que se esconde en sus corazones. No consiguen lo que desean. Ahora tienen miedo de Dios y se esconden de su presencia, sin conseguirlo. Quiérase o no la desobediencia de Adán y Eva tuvo y sigue teniendo sus consecuencias. Desconozco que idea tenía Mingote en su cabeza cuando pensó la ilustración que hace sonreír a los que la ven. El resultado de la decisión equivocada de Adán y Eva no es para hacer bromas.

“La paga del pecado es la muerte”, nos dice el apóstol Pablo. Esta declaración es ni más ni menos que un asentimiento a lo que Dios dijo a Adán y Eva. “Si coméis, moriréis”. Aquí surge una pregunta inquietante: ¿qué es la muerte? Su primer efecto es que altera las relaciones que nuestros primeros padres mantenían con Dios. Antes de la desobediencia eran de íntima amistad. Conversaban con Dios cara a cara. Ahora le temen y se esconden de su presencia. La muerte significa, pues, haber perdido la comunión con Dios. Estar enemistado con Él. Haber perdido su paz que excede a nuestra comprensión.

La primera impresión que se tiene es que la muerte espiritual no tiene ningún efecto físico. Aparentemente todo sigue igual. Adán vivió nueve cientos treinta años. Antes de que llegara el momento de su deceso, ¿cuántas dolencias padeció y superó? ¿A cuántos de sus hijos vio morir? No lo sabemos. La Biblia guarda silencio al respecto. Lo que sí conocemos con certeza es que Caín mató a su hermano Abel. Éste es el primer acto violento que registra la Historia que nos dice que la enemistad con Dios repercute en la convivencia con el prójimo. Desde el paraíso perdido hasta hoy, ¡cuánto derramamiento de sangre no se ha producido! Ríos del líquido vital han recorrido nuestro planeta hasta nuestros días. No se produce sequía sanguínea.

No hay educación que valga. La escolarización no puede cambiar la naturaleza humana. Puede condicionarla a un comportamiento ético que al menor descuido salta el lobo que llevamos dentro para atacar con crueldad a todo lo que se le oponga. El problema de la violencia que nos sacude con la virulencia de todos conocida se origina en el Paraíso con la desobediencia de Adán. ¿Qué es para nosotros el relato bíblico que encontramos en las primeras páginas de la Biblia? ¿Una fábula? Si es así, nuestros problemas de convivencia no tienen solución. Nadie se cree lo que dicen los políticos de que la violencia está controlada y que no hay lugar al temor social. Todos tenemos la impresión de que aumenta y, lo que es más alarmante, en crueldad.

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