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Mentirosos compulsivos
Daniel Sanabria
Quizá no necesitaría ni un párrafo entero para decir lo que quiero contar. Es algo conciso, clarividente y contundente. Algo que pocos se atreven a decir en público y ninguno a criticar duramente. Algo que es una verdad universal: los jugadores de fútbol de la Liga Española son unos mentirosos, unos falsos, unos farsantes, unos tramposos, unos embusteros.
Es prácticamente imposible ver un partido de Primera División sin que uno de los 22 jugadores pertinentes finja una caída, un golpe, una entrada, un empujón. En la última jornada de Liga vi cuatro de los diez partidos, y en los cuatro ‘alguien’ fingió.
Poniéndonos forofos y en la piel de los jugadores en momentos calientes del partido, puedo llegar a entender que intenten fingir un penalti alguna vez. Eso es una cosa. Pero lo que se está convirtiendo nuestra Liga es en una escuela de actores. Y además malos.
En los cientos de lances que tiene un partido de fútbol, hay agarrones, empujoncitos, algún codazo que otro..., eso no se puede negar. Pero el 90% de las veces, y la mayoría de ellas con el balón ni siquiera en juego, los jugadores sobre los que se ha cometido una “agresión” o a los que se ha dado un “empujón”, caen fulminados al suelo como si alguien les hubiera pegado un tiro.
Todos recordamos aquel “cabezazo” del portero del Racing Ceballos, al árbitro Prados García. El cancerbero racinguista apenas rozó con su frente la del colegiado, pero éste cayó a suelo como si una pelota de bolos hubiera impactado en su cara. La sanción para Ceballos fue de 10 partidos. Y Prados García ganó el Òscar al mejor actor secundario.
Este es el problema. El sancionado con 10 partidos debería haber sido Prados García, nunca Ceballos. Igualmente deberían ser sancionados todos los jugadores que jornada tras jornada fingen, mienten y actúan de forma lamentable. No hace falta dar nombres, porque es un síntoma común en todos los futbolistas de todos los equipos. Quizá Almodóvar debería acudir más a los estadios de fútbol, que en una de estas ficha un delantero y lo convierte en Antonio Banderas.
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