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Etiquetas:   Reportaje   -   Sección:   Revista-arte

La desesperación del Guernica

María Calet
Redacción
domingo, 1 de abril de 2007, 13:48 h (CET)
La fabulosa obra del Guernica, fue pintada hace nada más y nada menos que setenta años, por Picasso. Pablo Ruiz Picasso (1881-1973), fue un artista polifacético, creo nuevas formas, estilos gráficos y escultóricos, ha llegado a ser uno de los artistas más significativos de las vanguardias.

Empezó a una temprana edad, de niño ya pintaba y dibujaba y superó los exámenes de ingreso en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona a la edad de quince años.
Es un artista que no se puede encasillar en un estilo único sino que perteneció y experimentó en todos los estilos del siglo XX.
Frente a la pintura tradicional, Picasso rompe con la profundidad espacial, estructurando de nuevo a partir de líneas y planos geométricos, analizando y descomponiendo las formas.
La Guerra Civil había estallado en España y aunque Picasso no residía en ella, sabía todo lo que estaba pasando y ninguno de las historias que escuchaba eran de ninguna manera optimistas.
Cuando el gobierno francés decide organizar una exposición, Picasso decide hacer una obra de gran tamaño pero sin saber de que iba a tratar. El veintiocho de abril la población de Guernica sufre un bombardeo por los aviones nazis, y es cuando el pintor decide que ese seria el tema de la obra, pero no representa el bombardeo sino que recrea una escena donde aparece el sufrimiento y el dolor de un pueblo.
En ella los elementos cubistas se entrelazan en una lucha con cuerpos deformes que van adquiriendo expresividad. En este cuadro se ve que en esos años se mantenía próximo al estilo surrealista, y en donde se alían las vanguardias y el tema político.
Expresa la violencia y la crueldad del acontecimiento mediante imágenes como el toro, el guerrero desfallecido, el caballo moribundo, la madre que grita horrorizada con su hijo muerto en brazos o una mujer despavorida y atrapada entre las llamas de un edificio, sus gestos de desesperación horrorizan y atormentan al espectador. También tienen un marcado carácter simbólico, como el caballo desencajado y herido ya moralmente, que alude a las victimas impotentes ante la destrucción. El autor también entremezcla su vida intima con la histórica.
Es un cuadro comprometido, en donde cada detalle de la composición ha sido duramente elaborado (así las fotos hechas por Dora Maar lo prueban).
En ella el blanco, el negro y los colores grisáceos son los que predominan, los mismos colores de las impresionantes fotos de la ciudad bombardeada en llamas que aparecían publicadas en la prensa y medios de comunicación.
La obra podría ser un tríptico, en el lado de la izquierda aparece la mujer con su niño en brazos y el toro, en el centro el caballo, el ojo que todo lo ve y el guerrero y en la parte de la derecha la mujer en llamas, todo formando en su globalidad una obra llena de sentimientos.
El cuadro consiguió un devastador choque al delatar los horrores de la destructiva guerra, las actividades franquistas y todas las acciones belicosas.
El cuadro permaneció en el museo de Arte Moderno de Nueva York desde 1939 hasta 1981, donde regresó a España, y en 1992 se lo vuelven a llevar de manera definitiva al Museo Nacional de Arte Reina Sofía.

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