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Armas rusas para América Latina

Víctor Litovkin
Redacción
lunes, 2 de abril de 2007, 14:50 h (CET)
Estos años últimos, Rusia ha pasado a ser uno de los mayores suministradores de armas a los países latinoamericanos, “desplazando a EEUU de mercados en donde antes reinaban compañías norteamericanas”, dice el informe redactado en Washington por el Consejo para Asuntos del Hemisferio (The Council on Hemispheric Affairs).

El fomento de la cooperación militar entre Rusia y los Estados latinoamericanos provoca cierta preocupación en Washington, afirman los autores del informe que contiene tanto comunicados oficiales, así como diversas filtraciones sobre intensos contactos de Rusia con los gobiernos de Argentina, Brasil, Bolivia, Cuba, Perú y Venezuela para la promoción de armamentos. Se trata de aviones de combate y de transporte, helicópteros, misiles, sistemas de defensa aérea, blindados, buques, submarinos y armas de infantería.

“En un momento determinado, los suministros de armas rusas podrían modificar sigilosamente el mapa de seguridad en una gran parte de América Central y del Sur, lo que difícilmente agradaría a los políticos de Washington”, advierten los autores del informe, aduciendo datos facilitados por el Congreso. De acuerdo con estos datos, entre 1998 y 2001, Rusia suministró a América Latina armamentos por importe de $300 millones, mientras que entre 2002 y 2005 lo hizo por importe de $600 millones. El Congreso pronostica que en los próximos años estos suministros irán en aumento.

Semejantes temores se deben no sólo a la victoria de las fuerzas de izquierda en algunos Estados de América Central y del Sur y a la irritación por el menosprecio que Washington muestra hacia los intereses legítimos de sus vecinos. También cabe señalar el debilitamiento del control que EEUU siempre ejerció sobre los gobiernos latinoamericanos. A Washington le sobran problemas en Oriente Medio, en Irak y Afganistán, donde no cesan los combates. Otro rompecabezas es Irán, reacio a cumplir las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU. Incluso entre los aliados estratégicos de la OTAN hay problemas. Alemania y Francia se negaron a apoyar la invasión en Irak. Se está descomponiendo el panorama habitual del mundo unipolar.

Y en América Latina fallan los intentos de Washington de “presionar los regímenes inamistosos” mediante sanciones económicas. La negativa de EEUU a suministrar repuestos para los F-16 de la Fuerza Aérea venezolana hizo que el presidente Hugo Chávez pidiera a Rusia vender los novísimos cazas multipropósito Sukhoi-30MK.

Y Moscú, desde luego, no se lo negó. La exportación de armamentos y sistemas logísticos ayuda a Rusia a elevar la redituabilidad de la industria militar, a modernizar sus bienes de equipo, a ganar recursos para fomentar la economía y consolidar la defensa nacional. Según afirman ejecutivos de la Agencia Rusa Exportadora de Armas Rosoboronexport, los suministros a América Latina no influyen en la correlación de fuerzas en este subcontinente, donde Washington mantiene posiciones dominantes. De ello da fe cualquier prontuario sobre ejércitos y armamentos, incluido el famoso The Military Balance 2006-2007.

Los negocios no dejan de ser negocios. Cualquier país actuaría igual que Rusia, especialmente EEUU. La compañía norteamericana Ration, por ejemplo, promueve un contrato de modernización de la defensa aérea de Kazajstán. Buques de guerra de fabricación norteamericana bajo pabellón kazajo surcan aguas del Mar Caspio. Rusia, por su parte, no pretende imponer armamentos a Venezuela, Nicaragua u otros países. Son ellos los que expresan interés por comprarlo. Quizás, porque las armas rusas nada tienen que envidiar a las norteamericanas y en algunas características hasta las superan, mientras sus precios son más asequibles. Por último, Moscú, a diferencia de Washington, no vincula la venta de armas a la política de uno u otro gobierno.

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Víctor Litovkin, RIA Novosti.

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