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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Valencia a toda vela

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 2 de abril de 2007, 10:56 h (CET)
Valencia ha sido durante muchos años una ciudad que ha vivido de espaldas al mar. Es cierto que somos una ciudad ribereña de ese mar al que se le ha llamado madre de las culturas y por el que han surcado, durante siglos, las naves de los fenicios, griegos, romanos, árabes y cristianos. Pero los valencianos siempre hemos estado alejados del mar. El puerto siempre nos ha parecido a los habitantes de la ciudad un sitio lejano, nuestra burguesía eligió las playas de la Malva-rosa para instalar sus preciosos chales modernistas a finales del XIX y el pasado siglo y Blasco Ibáñez y Sorolla eligieron las playas de la ciudad para escribir y pintar sus mejores obras. Pero el mar siempre nos quedaba lejos a los valencianos del centro de la ciudad y casi todos sus barrios. Una larga avenida, antes del Doncel García Sanchiz, conducía al puerto y las playas ciudadanas pero no eran muchos los ciudadanos de Valencia que emprendían aquel camino.

Ahora, remodelada aquella avenida, a la que siempre hemos conocido como Avenida del Puerto, nuestro Grao, nuestro puerto y los poblados marítimos se acercan a los ciudadanos de Valencia. Antes tan sólo nos acercábamos a aquellos lugares para asistir a las procesiones de la Semana Santa Marinera o para intentar pescar algún llobarro en las aguas del puerto, todavía limpias de grasas y aceites, o para embarcarnos en las Golondrinas que nos paseaban hasta la Gità, una isla de cemento en medio del puerto, y los más golfos de la ciudad para darse un paseo por las estrechas calles que, como en todo buen barrio marinero, tenían neones ardientes que anunciaban chicas de ingle fácil mediante previo pago.

Ahora, con la llegada de la America’s Cup, muchos valencianos han redescubierto que nuestra ciudad limita al Este con el mar Mediterráneo. Nuestra alcaldesa, Rita Barberá, ha sabido vendernos bien la burra. Durante unos meses vamos a ser el centro de atención de todo el mundo, o al menos así intentan explicarnos el evento de los barquitos de vela que de Abril a Junio surcaran nuestra ribera. Nadie de nuestras autoridades ha explicado a los valencianos que para que esto se produzca hemos tenido que pujar, como en cualquier subasta, para que una multinacional nos deje organizar unas carreras, perdón, regatas es su nombre, de barcos, la mayoría patrocinados por empresas de las que podríamos llamar del “pijerio”, y nadie nos ha dicho que con esos millones de euros podríamos haber liberado a nuestros niños de dar clases en barracones en lugar de aulas o bien atender mejor a nuestros ancianos.

La verdad es que dar a los ancianos lo que se merecen después de una larga vida de trabajo o intentar que los niños de las clases menos favorecidas tengan unas aulas dignas no produce fotos como las que nuestras primeras autoridades se han hecho con la famosa “copa de las cien guineas”. Vayamos a lo práctico y codeémonos con la élite de la sociedad mundial y alentemos ese espíritu de “bufar en caldo gelat”, ese orgullo chovinista de la menudencia, al que tan acostumbrados están mis queridos paisanos. Seamos populares y populacheros si viene al caso y dediquemos nuestros esfuerzos a la vela, ya se sabe que es un deporte popular, y más en un año de elecciones municipales.

Dentro de unos días las estelas de los veleros llenarán las playas de Valencia, desde la Malva-rosa al Saler todo serán velas, eso si con previo anuncio publicitario, y miles de mis conciudadanos con la boca abierta del ignorante que no entiende nada siguiendo unas carreras donde sabemos que alguien ha vencido porque alguien lo dice. La vela nunca ha sido entre nosotros un deporte popular ni sus practicantes gentes que cada día han de acudir a su trabajo. Los apellidos de los regatistas, encabezados por los Borbones, poco trabajo en el día a día, y las familias más burguesas de la ciudad serán estos días letras de molde en las noticias de todos los medios y, es verdad, nuestra ciudad aparecerá en muchos telediarios de todo el mundo. Pero todo eso será un humo que se desvanecerá a partir del último día de las regatas.

Mientras, en Valencia miles de niños seguirán dando sus clases en tristes barracones, miles de ancianos seguirán sin ser atendidos como merecen, el transporte público seguirá siendo un verdadero marasmo caótico, los barrios periféricos no tendrán los servicios sociales que precisan y los valencianos veremos como una parte importante de nuestros impuestos se habrán evaporado en las estelas de espuma de estos barcos mientras los niños y niñas más “pijos” de la ciudad toman su martini dry en el nuevo pantalán. Eso si, nuestra alcaldesa y otras autoridades tendrán en su álbum de recuerdos más de una fotografía con esa elite mundial que nunca ha doblado el espinazo, mientras esperan que, de la mano de Alejandro Agag, yerno de Aznar, nos llegue un circuito urbano de Formula-1 a la ciudad. Otra chorrada más que servirá para pagar favores a los amiguetes de siempre.

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