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Etiquetas:   Entrevista   -   Sección:   Entrevistas

'La mayoría de las veces una buena historia no se sostiene sin un buen uso del lenguaje'

Ezio Neyra Magagna, escritor
Redacción
sábado, 13 de octubre de 2007, 12:08 h (CET)
Ezio Neyra Magagna (Lima, 1980) es uno de los jóvenes narradores latinoamericanos con mayor proyección internacional. A fines de 2005 publicó su primera novela Habrá que hacer mientras tanto, la cual sembró buenas críticas y el favor de los lectores. Neyra Magagna –en Perú- codirige la importante editorial Matalamanga y es director de la ONG Niño Lee. A fines de 2006 la editorial Alfaguara publicó su segunda novela, Todas mis muertes, con la cual se refrendó las expectativas generadas en su primer libro.




Ezio Neyra.


Gabriel Ruiz-Ortega / Siglo XXI

¿Cuánto tiempo te llevó la escritura de Todas mis muertes?

Ya no estoy seguro de cuánto tiempo me tomó. Sé que hace alrededor de tres años empecé a escribirla. Sé que en un momento me detuve e hice una pausa de alrededor de diez meses, plazo en el que escribí Habrá que hacer algo mientras tanto, y que luego la retomé y demoré un año más hasta su publicación. Si lo vemos así, calculo que fueron dos años los que demoré. Sin embargo, la otra vez volví a encontrar el primer libro de cuentos que escribí cuando tenía alrededor de 18 años, y que no publiqué, y que no pienso publicar, y encontré ahí ya el esbozo de algunos de los personajes y de los sucesos narrados en Todas mis muertes. Si desde esta perspectiva lo vemos, y personalmente prefiero verlo así, es una novela que me tomó más de 8 años.

Las ausencias emocionales se dejan notar tanto en Habrá que hacer algo mientras tanto como en Todas mis muertes.

Es cierto: hay tópicos comunes a mis dos novelas, que quizá lo sean a todas las que vengan. Me gusta la idea de que lo que hacemos los escritores es contar la misma historia desde múltiples puntos de vista, escenarios diversos, afectos diferentes, etcétera. Y ante este deseo, me pregunto ¿qué significa que una novela tenga una preferencia tajante por la historia? El lenguaje, materia con la que trabajamos los escritores, sirve para construir una historia. En esta medida, la mayoría de las veces una buena historia no se sostiene sin un buen uso del lenguaje. En mi caso, he intentado buscar un tono con el que construir cada novela. Y seguiré haciéndolo con cada historia por escribir.

Como si el escritor siempre tuviera ante sí el mismo tópico.

Supongo que la idea de que un escritor escribe la misma historia de múltiples formas también es aplicable a los autores que influencian una novela. La lectura acumulada al fin y al cabo construye algo así como un río de donde podemos recoger, botar, y volver a recoger, consciente o inconscientemente, autores y libros.

En Todas mis muertes hay dos historias: tenemos al periodista Francisco Neyra, quien va tras el ladrón de bancos Rafael Cardemil, y tenemos también la infancia del mismo Neyra. En apariencia, parece haber un descuido estructural puesto que ambos argumentos quedan irresueltos, pero pienso que esta irresolución es adrede ya que el espíritu de la novela es la búsqueda, no el conocimiento de la verdad.

Como lectores, hemos estado acostumbrados a prever estructuras ideales. Entiendo que ante una novela como la mía, que propone dos casos irresueltos, más de un lector quedará inconforme pues nunca se conoce la verdad. Felizmente, hay otras maneras de acercarse a las novelas. Me gusta tu idea de que el espíritu de Todas mis muertes es la búsqueda y no el conocimiento de la verdad. En esa medida, disfruto también intentando romper algunas convenciones respecto del orden y del sentido que suelen esperarse de una novela.

Una de las lecturas que se le está dando a esta novela es la autobiográfica. No voy a preguntarte cuán autobiográfica es, pero lo que sí me interesa saber es si lo hiciste adrede como para darle fuerza de verosimilitud.

A mi entender, toda novela es autobiográfica, aunque no en el sentido estricto de la palabra. La mía no es una novela autobiográfica porque no narra fielmente nada cierto, nada que haya vivido. Pero sí es autobiográfica en tanto me parece inevitable que cada escritor no deje en su propia creación un pedazo de su universo afectivo. Y en esos casos, cuando se está rodeado de afectos memoriosos, es difícil hacer algo porque se vayan.

Da la impresión de que la infancia de Francisco Neyra es feliz. ¿Los capítulos que narran la infancia de Neyra fueron los más difíciles de escribir?

No creo que la infancia de Francisco pueda ser considerada una infancia feliz. Podría incluso ser considerada de la manera opuesta. En cuanto a la narración de los capítulos de su infancia, quizá sí sean los que más me costaron escribir, sobre todo por una cuestión afectiva, ya que necesité volver a pensar en escenarios donde pasé varios veranos de mi infancia, y donde aún viven muchos familiares.

Y yendo a lo que se escribe en Latinoamérica, ¿algunos narradores que últimamente te hayan llamado la atención?

El brasileño Joao Gilberto Noll quizá ha sido el descubrimiento más interesante. En su novela Lord construye un universo altamente angustiante, con un narrador reflexivo que me hizo pensar en el Beckett de Malone muere. Luego he leído, y publicado en Matalamanga, editorial que codirijo, a un cuentista peruano llamado Augusto Effio, cuyo libro Lecciones de origami ofrece un universo muy interesante. Además, otro libro altamente recomendable es Las islas, conjunto de cuentos de Carlos Yushimito, también peruano.

Acabas de nombrar a la editorial Matalamanga. Cuéntame un poco de ella.

Empezamos en 2004 con la convocatoria a un concurso de cuentos, cuyo resultado final fue una colección de relatos, que reunió a los 13 primeros puestos. Luego hemos venido publicando a autores peruanos, recientes y no tanto, con el único criterio de la calidad de sus textos. Hasta ahora llevamos publicados trece libros y las colecciones de ensayo, cuento, novela y humor. El año pasado, además, publicamos una antología de cuentos peruanos sobre la violencia política, llamada Toda la Sangre, que viene dando mucho que hablar.

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