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Etiquetas:   Crítica Disco   -   Sección:   Revista-musica

Machine Head - "The Blackening" ( Roadrunner Records, 2007) / Trash Metal

J.M. Vilches Alonso
Redacción
sábado, 31 de marzo de 2007, 22:00 h (CET)



un nuevo giro

Impresionante nuevo trabajo de la banda californiana liderada por el ínclito Robb Flynn. Bajo la sombra de uno de los discos pioneros de la revolución musical de principios de los 90 -que se dio en llamar “crossover”- y pilar fundamental para comprender la evolución del rock más salvaje americano: “Burn My Eyes”, Machine Head ha tenido que esperar más de diez años para lograr engrasar su maquinaria compositiva al máximo y renacer para ofrecernos uno de los álbumes más impresionantes de los últimos años.

Una portada alejada de las que nos tenían acostumbrados y un sonido basado en el thrash metal de comienzos de los 80 que ha pasado por el tamiz del nuevo siglo, con la ayuda del reputado Colin Richardson en la mezcla y el propio Robb Flynn en la producción, han bastado para dar un giro importante en su música y lograr un resultado muy superior a lo que nos tiene acostumbrados el saturado mercado norteamericano.



El presente del thrash (de izqda a dcha: Adam Duce, Robb Flynn, Dave McClain y Phil Demmel)


La sucesión de riffs incontrolados y con un enorme sentido lógico al mismo tiempo se suceden sin descanso a lo largo de los casi sesenta minutos de duración que se distribuyen en ocho cortes. Los minutos dedicados a solos de guitarra son muchos y se agradecen, porque las melodías y la conjunción armónica entre las guitarras de Phil Demmel y Flynn suponen quizá la plasmación de las mejores seis cuerdas, en cuanto a sonido y composición, de las que ha Machine Head ha podido gozar en su trayectoria, incluyendo la época con Logan Mader. Robb Flynn explota su garganta al máximo, pasando de los registros más guturales a los más suaves y melódicos con una naturalidad pasmosa. Las voces, otro de los puntos fuertes de este disco, suponen un cambio constante y un aporte de frescura en cada uno de los temas.

“The Blackening” comienza con “Clenching The Fists Of Dissent”, un corte que a muchos les recordará a la introducción del “…And Justice For All” de Metallica, y no sólo por el parecido con el título de la canción “Blackened”. Porque las similitudes con aquel álbum se suceden, aunque no estrictamente en su sonido, sino en la propia concepción de los temas: duraciones extensas, gran protagonismo de las partes instrumentales, ritmos en constante evolución y un trabajo de guitarras complejo, muy inspirado y seguramente agotador para ejecutar en directo. En el caso de la nueva obra de Machine Head sí podemos escuchar el bajo, aunque seguramente debamos poner empeño ante la magnitud del trabajo de sus compañeros. Parece que la grabación de “Battery” para el disco homenaje al clásico de Metallica, “Master of Puppets”, en abril de 2006 para la revista Kerrang inglesa pudo dar a Flynn algunas buenas ideas, que ha sabido moldear a su gusto y hacerlas crecer.



Robb Flynn durante el concierto del X Aniversario del álbum “Burn My Eyes”


Continúa el deleite con “Beautiful Morning”, que podría haber sido un excelente single en virtud de su gran estribillo y el trabajo vocal de Flynn, además de la atroz base rítmica. Sin embargo, la carta de presentación elegida ha sido “Aesthetics of Hate”, una auténtica lección de cómo hacer sombra a los grandes del thrash en pleno 2007, plagada de riffs con la violencia de los mejores Slayer y la técnica y la elegancia de Chuck Schuldiner en sus últimos años. Ya crecida, la formación de Robb Flynn nos deleita con dos cortes, “Slanderous” y “Now I Lay Thee Down”, que contiene pequeños guiños al actual metalcore americano, para desembocar en la que posiblemente sea la pieza maestra de este trabajo: “Halo”. Un estribillo magnífico con voces suaves, guitarras llenas de emotividad, cambios continuos que te llevan de la calma al enloquecimiento más absoluto y un impresionante intermedio final a caballo entre la sucesión de guitarras dobladas y voces desgarradas totalmente desnudas.

El álbum finaliza con “Wolves”, un corte de thrash ochentero de principio a fin, y “A Farewell To Arms”, una espléndida despedida para un trabajo excepcional que se hace corto y que a medida que lo escuchas consigue atraparte sin remisión.

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