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Etiquetas:   La parte por el todo   -   Sección:   Opinión

Nada queda de izquierdas y derechas

Óscar Arce Ruiz
Óscar Arce
sábado, 31 de marzo de 2007, 22:21 h (CET)
Durkheim promulgó en sus ‘reglas del método sociológico’ la necesidad de apartar las prenociones -los prejuicios- del objeto a analizar para intentar llegar al conocimiento absolutamente objetivo del mismo.

No entraré a discutir la posibilidad o no de asumir una desvinculación radical de lo subjetivo dentro de una empresa llevada por seres humanos. Lo que realmente importa es la intención de proceder por un camino recto para así conquistar hitos que permitan variar el fin de la búsqueda si fuese necesario.

Es como aquella historia que dice que, al perseguir la utopía de manera incansable, ésta siempre se aleja y concluye que, al final, para lo que ha servido la persecución es para hacernos caminar y para seguir caminando.

Si reparamos demasiado en lo que sentimos en cada momento, corremos el riesgo de perdernos buscando soluciones a corto plazo que pretenden hallar salida a conflictos puntuales.

Toda táctica se encamina a ello: a sortear un problema que se presenta con poco tiempo de reacción, que comienza en breve y para el que puede estimarse una duración aproximada. Pero no puede establecerse una actuación sólida que se regule solamente a base de tácticas. Debe dibujarse, por encima de todo y en cualquier caso, una estrategia que prevea líneas generales y objetivos finales, no intermedios.

En la comparecencia de Zapatero y Rubalcaba en Senado y Congreso respectivamente, o en la sesión extraordinaria del parlamento de Cataluña de esta semana, se combinaron -viciados- los dos elementos que he mencionado más arriba: tácticas asentadas en prenociones.

Un bando fundamentaba su táctica en seguir aferrado únicamente a las concepciones que tenía del otro sin dejar que el segundo compartiese sus estrategias a largo plazo.

En ambos casos se ha aprovechado un momento de debilidad del grupo gobernante para preparar rápidamente la táctica que había de derrotarlo. En ambos casos se ha recurrido al archivo y se ha buscado en lo que ya sabemos para evitar que el ataque avanzase. Al contrarrestar una visión estanca y determinista del pasado con otra de iguales características, lo que se evita es el avance del proceso; lo que se pone en duda es que en cualquier grupo haya existido alguna vez un plan más amplio que una simple sesión parlamentaria.

Lo que nos impacienta es que parece no haber estrategias, sino un seguido de improvisaciones que, con suerte, se intentarán ligar a posteriori. Es en estas situaciones cuando más difícil se hace distinguir un partido de otro.

Todos viven el día a día; todos reniegan del pasado de los otros.

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