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Las 'chuches' de Zaplana

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
viernes, 30 de marzo de 2007, 10:59 h (CET)
Los valencianos ya sabíamos cómo se las gasta Eduardo Zaplana en materia de gastar el dinero público como si fuera de su propiedad. No en vano le hemos tenido por estos lares durante varios años, primero como alcalde de Benidorm gracias a una tránsfuga que todavía sigue cobrando del erario público y después como President de la Comunitat. Esta semana santa se cumplirán diecisiete años de la salida esposado y acompañado por la policía de su amigo Boro Palop del Ayuntamiento de Valencia. Unas escuchas telefónicas habían dado a conocer los deseos de Zaplana, cartagenero moreno, de hacerse rico medrando en la política, el muchacho quería un coche de 16 válvulas y lo quería a toda costa, aunque para ello tuviera que vender al mejor postor las costas valencianas. Aquellas escuchas no sirvieron para empapelar a nadie ya que un juez, tal vez demasiado tiquismiquis, estimo que habían sido autorizadas para otro fin y no pudieron presentarse como prueba ante los juzgados. Pero la meteórica carrera de Eduardo hacia el poder ya había comenzado.

Durante su paso por la poltrona presidencial de la calle Cavallers de la capital valenciana ya dio sobrados motivos para que su vena derrochadora de los dineros ajenos fuera suficientemente conocida. Con su peculiar “fondo de reptiles” se dedicó a traer periodistas desde la capital del Estado para que aireasen sus hazañas, la televisión pública valenciana se llenó de toda una serie de “parvenus” llegados desde el kilómetro cero de la Puerta del Sol cuya única función era la de ensalzar las supuestas virtudes de un Zaplana al que, nada más llegar, ya le venía pequeño el puesto de President de un País Valenciano del que nunca se sintió parte. Sus miras estaban puestas en Madrid ostentando cualquier poltrona ministerial.

Pero mientras iba tirando de chequera, pero de chequera ajena, con el dinero de todos los valencianos se empeñó en las faraónicas obras de Terra Mítica, un complejo que últimamente anda de juzgado en juzgado debido a presuntas facturas falsas y a otras irregularidades. También intentó crear un entramado mediático para que todavía le alabaran más sus paniaguados de turno. Aquel intento lo ha hecho realidad su sucesor el triste y gris Francisco Camps dando a su libre albedrío las concesiones de nuevas televisiones a sus amigos. Y cuando le abrieron las puertas del Ministerio de Trabajo marchó raudo a la capital de las Españas eso si adquiriendo un piso de más de 500 metros cuadrados en plena Castellana madrileña mediante una hipoteca de la CAM, cuyas condiciones, querido lector, ya quisiéramos los demás mortales.

Pero ya saben que esto del mando en plaza es una profesión muy dura y que el sueldo es escaso. Hace unos meses Esperanza Aguirre se quejaba de no llegar a final de mes y ahora nos hemos enterado que Eduardo Zaplana tampoco debía percibir unos emolumentos elevados como Ministro de Trabajo ya que cargaba al ministerio hasta los chicles, las barras de pan y los generosos donativos que ostentosamente daba en las mesas petitorias. La factura de los rayos UVA le desequilibraba el presupuesto para los gastos pequeños.

Hace ya algunos meses el diario Levante-emv ya denunció el excesivo gasto en vuelos privados de Eduardo Zaplana pero ahora nos hemos enterado que los Interventores Delegados del Estado han paralizado el pago de algunas facturas del Ministerio de Trabajo de la época de cuando este señor ostentaba la titularidad. Fue llegar al Ministerio y doblar el gasto protocolario que pasó de 18.000 a 36.000 euros anuales. Los gastos durante su mandato en vuelos privados han sido de 150.000 euros, cuando los ministros pueden volar sin cargo en Iberia, y los gastos protocolarios han sido de 183.000 euros, muchas veces gastados en relojes, gemelos de plata, tarjeteros de plata, bolsos y un largo etcétera que, en alguna ocasión, han ido a parar a familiares. Estupendo Papa Noel este Zaplana.

Cuando llegó al Ministerio dijo a los periodistas que no les iba a mentir, y ya lo estaba haciendo en aquel mismo momento, después tan sólo nos cabe recordar las horas siguientes al triste suceso del 11-M donde siguió mintiendo, o sus risas durante la comparecencia de Pilar Manjón en la Comisión de Investigación del 11-M. Ahora no podemos creernos sus excusas sobre este exceso de gasto en “chuches”. Ya verán como intenta convencernos que la que compraba el pan, los chicles y las mermeladas era la señora de la limpieza. Y Canal9, la televisión que pagamos todos los valencianos calla miserablemente.

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