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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Democracia, otra cara

Marino Iglesias Pidal (Gijón)
Redacción
viernes, 30 de marzo de 2007, 15:30 h (CET)
Las democracias tienen la tendencia natural de vestir a los pueblos - España lo confirma plenamente - metiéndoles los brazos en las perneras del pantalón, sobre el rostro la culera y la bragueta ventilando el cabezón. De esta forma es como más cómodas se sienten las extremidades superiores, hacia arriba, para aspaventar; los ojos tapados, ya que no importa el porqué, lo que "mola" son los aspavientos; y, puesto que no se piensa mucho y se marcha con el piloto automático, el cerebelo, la bragueta justo en su sitio, para ventilarlo, no vaya a ser que se recaliente. La palabra mágica que da cauce a este despropósito es Libertad.

Todos los seres vivos son egoistas y cómodos. Todos tienden a satisfacerse de la forma más fácil posible y la únicas concesiones, pautadas por el instinto, las tienen con su prole, pero solamente hasta que ésta alcanza el desarrollo necesario para valerse por sí misma. Naturalmente en la cumbre del "virtuosismo" está la obra cumbre de la creación: el ser humano. No podía ser de otra forma. Cada especie usa las armas que tiene a su disposición y únicamente la humana dispone de la más poderosa: la inteligencia. Aunque inteligentes, individuos realmente inteligentes, no habrá más allá de algunas docenas. El resto, en terminos relativos prácticamente toda la especie, la conforman dos grandes grupos: los "vivos" y los bobos de baba. Todos ellos encuadrados en diferentes manadas de depredadores, los primeros, y en distintos rebaños los segundos, pero todos - considero obvio decir que toda generalización lleva implicitas las correspondientes excepciones, mas, por si acaso, lo menciono - pero todos, decía, se sienten eufóricos con su "libertad", la "libertad" que , forzosamente, ha de brindarles la democracia. Forzosamente, porque ¿qué posibilidades de gobernar tendría el partido político que presentara un programa de gobierno realmente coherente con tan excelsa palabra sin comillas. Que se mostrara tajante, sin la más mínima concesión a quines trataran de invadir el campo de la libertad ajena, que dictara leyes inflexibles que impidieran soslayar la justicia? ¿Quién votaría a un partido de "fachas ultraderechistas".

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