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Etiquetas:   ARTÍCULO  

Bon viatge, Lluís Llach, que al teu poble ets fidel

Herme Cerezo
Herme Cerezo
viernes, 20 de julio de 2007, 00:04 h (CET)
Leyendo ‘En el adiós de Lluís Llach’, el artículo publicado el domingo 25 de marzo, por mi amigo y colaborador de este diario, Rafa Esteve Casanova, la tentación surge sola y no puedo resistirme a escribir unas palabras sobre Lluís Llach en la hora de su retirada de los escenarios. Palabras reflexivas, probablemente nostálgicas, ecos de la memoria que anudan mi garganta y mis dedos, a medida que las veo crecer en la pantalla del ordenador.

Fue la mía una relación mucho más distante con Llach que la del amigo Rafa, una relación de espectador, de seguidor, de melómano, de connivencia ideológica. No he tenido la suerte - ¡qué envidia! - de conocerlo personalmente, aunque sí de verle actuar varias veces en directo. Pero su influencia en mi pensamiento ha sido notable. Durante mi juventud Llach era el referente, el modelo. Sus discos, sus canciones, sus poemas sinfónicos, estaban ahí, al doblar la esquina, un refugio seguro para los momentos amargos de la existencia.

El primer elepé que escuché de él, en un tocadiscos prestado y monoaural, que entonces vendía el Círculo de Lectores, fue ‘Ara i aquí’. Me subyugó rápidamente. Me ganaron sus letras, su registro, tan distinto al de mi paisano Raimon, y especialmente su arropamiento musical. Mientras en los trabajos del cantautor de Xàtiva, otro monstruo, siempre prevalecían las palabras sobre los sonidos, el gironí trató ambos aspectos de modo equivalente y, sobre todo, equilibrado. Para él, lo uno no tenía sentido sin lo otro y por ello construyó para sus textos unos privilegiados telones de fondo, repletos de matices y bellísimas melodías. Soy aficionado a la música clásica desde pequeño. Mi padre era violinista y, a los tres años ya andaba yo, entre bambalinas y bastidores, aupado al escenario del Teatro Talía de Valencia, entonces Casa de los Obreros, viendo como su orquesta rascaba cuerda y, por eso, sin olvidar ni mucho menos todo lo que ha hecho el cantautor catalán, en mi reflexión y mi interés sobre su obra ha prevalecido siempre el aspecto sinfónico.

Momentáneamente, Lluís Llach pasará a la Historia como un poeta comprometido con su país, con su tierra, con su gente, un luchador antifranquista que tuvo que exiliarse durante un tiempo para ser respetuoso consigo mismo. Pero dentro de unos años - yo ya no lo veré porque estaré alimentando malvas - a Llach se le reconocerá el GRAN MÚSICO que ha sido y, todavía, es. Porque Llach es mucho más que sólo un poeta o un cantautor, Llach es un ARTISTA COMPLETO, un auténtico COMPOSITOR.

Su obra es muy extensa y comprende desde pequeñas canciones de amor, reivindicativas, intimistas, simbólicas, de denuncia, míticas, hasta las grandes composiciones orquestales, como ‘Campanades a mort’, ‘Viatge a Itaca’, ‘Verges 50’ o ‘Un pont de mar blava’. Llach se ha atrevido con todo y en todo ha obtenido una nota muy alta, un sobresaliente en algunos casos cum laude. Todavía se me pone la carne de gallina y me afloran las lágrimas cuando escucho "més lluny, heu d’anar més lluny", del Itaca o su grito, estentóreo, acusador, directo, "assassins de raons i de vides", del ‘Campanades’ o los coros del ‘Pont de mar blava’.

A pesar de mi preferencia por los sinfónico, y ya acabo porque esto no es más que un "fins després, Lluis" (hasta luego, Lluis), y por una de esas paradojas de la vida, siempre llevo conmigo, anclada como una mochila en mi mente, la estrofa de una de sus piezas cortas, ‘País petit’, un fragmento que bisbiseo muy a menudo, extraído de su álbum ‘Verges 50’, un precioso homenaje a su tierra:

El meu país és tan petit

que, quan el sol s’en va a dormir,

mai no està prou segur d’haver-lo vist.

(Mi país es tan pequeño,

que, cuando el sol se va a dormir,

nunca está seguro del todo de haberlo visto).

Gràcies Lluís, gràcies por la teva música, per les teves lletres, per la teva obra, per la teva existència; que tingues un bon viatge perquè al teu poble sempre has estat fidel.

Adèu, Llach.

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