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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Judeocristianismo europeo

José Carlos Navarro (Mérida)
Redacción
miércoles, 28 de marzo de 2007, 14:06 h (CET)
Retoma Angela Merkel el fracaso del Tratado constitucional -por no ser apoyado por los ciudadanos de las laica Francia y liberal Holanda-, comprendiendo las críticas del Papa Benedicto XVI a la UE por no mencionar a Dios ni a sus raíces cristianas en la Declaración de Berlín. Comprensión que se queda en su apoyo a reconocer la secular tradición judeocristiana europea en documento alternativo a la Constitución europea. La oposición de estados como Francia, que no de los ciudadanos, a otros estados católicos como Polonia -incluso Irlanda- es el escollo que se pretende obviar en la Constitución, aunque no debatir alternativamente. No es cuestión alternativa que la argamasa de unión de los europeos diferenciados de otros pueblos o civilizaciones, es su herencia judeocristiana que ha dado lugar al actual estatus de derechos fundamentales y libertades individuales.

El reconocimiento de Merkel es no obstante, un primer paso al reconocer que "hay que aceptar que estamos marcados por este pasado judeocristiano".

Probablemente puede conducir a la confusión la justificación de su opción porque "en Europa hay una clara separación entre el círculo político y el círculo religioso", considerando que la Iglesia católica viene pregonando esta sana separación de la que sus frutos son los que nos diferencian de otras civilizaciones religiosas como el Islam. No por ello la fuente de nuestra identidad debe ser borrada en textos que nos unen, ya que olvidadas estas, asoman divergentes interpretaciones de los derechos humanos como el que ha alarmado a los polacos. Sentencia el Tribunal de DD.HH. de la UE que prevalece el derecho a la salud que pudiera provocar pérdida de visión y por ende al aborto, sobre el derecho a la vida del no nacido. El hijo de seis años que actualmente vive -el de este caso-, entenderá que vive gracias a la tradición católica polaca que no por la votada por políticos e interpretes legales de la Europa Unida. Recordar que el único juez que votó en contra, fue un magistrado español. Ciudadano del Estado aconfesional español.

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