Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Rusia comienza a defender sus intereses nacionales

Sergei Lavrov
Redacción
miércoles, 28 de marzo de 2007, 14:06 h (CET)
El desarrollo del acontecer mundial, la diplomacia rusa de los últimos años, las intervenciones sobre cuestiones de la política exterior del presidente de la FR, Vladímir Putin, y, ante todo, su discurso de Munich, evidencian que la dirección política del país dispone de una estrategia en el ámbito internacional sopesada a fondo en todos los aspectos.

Tras la desintegración de la URSS surgió la impresión de que Rusia había sido simplemente dada de baja y convertida en objeto de un nuevo reparto territorial-político del mundo: perspectiva vivida por nuestro país a principios del siglo XVIII. Entonces se logró resolver ese problema gracias a la modernización acelerada del país. Al desafío actual respondemos asimismo con reformas políticas y económicas radicales que, al igual que entonces, van por el cauce orientado a buscar la afinidad con Europa, pero siguiendo las seculares tradiciones de Rusia. En resumidas cuentas, el país recuperó su independencia en política exterior.

La idea del mundo unipolar no se vio realizada, pues carecía de perspectivas debido a la insuficiencia de recursos político-militares, financiero-económicos y otros necesarios para emprender la construcción del imperio en el contexto de la globalización. Durante cierto tiempo, el mito del “mundo unipolar” presidía las ideas y la conducta de muchos Estados que le dieron crédito y lo apoyaron con su política. Sin embargo, la experiencia de los seis últimos años demuestra de manera convincente que sufren fracaso todos los intentos de obviar el real mundo multipolar. La fuerza no es la vía más adecuada para resolver los problemas contemporáneos.

Se vio justificada la opción hecha por nuestro país en 2000 a favor del pragmatismo, de una política polivalente y la firme defensa de los intereses nacionales en los asuntos exteriores que no admite variantes de confrontación.

Hoy el paradigma de las relaciones internacionales se determina por la competencia, en la más amplia acepción de ese concepto, también en el sistema de valores y modelos de desarrollo. En modo alguno se trata de la confrontación. El carácter novedoso de la situación consiste en que Occidente deja de monopolizar los procesos de globalización. Por lo visto, de aquí provienen los intentos de presentarlo como amenaza a Occidente, a sus valores y modo de vida.

Rusia condena los intentos de dividir el mundo en “humanidad civilizada” y todos los demás. Este camino conduce al colapso global. Por eso emerge en toda su talla el problema de superar la herencia intelectual, sicológica y demás de la “guerra fría” en la actual política mundial. Nadie logrará provocar cizaña entre nuestro país y el mundo islámico. Estoy seguro de que la opción de Rusia y otros grandes Estados, incluidas la India y China, a favor de una política unificadora, se convertirá en factor principal capaz de prevenir la escisión del mundo.

Estamos por resolver los problemas euroatlánticos en toda su magnitud. Sería deseable aunar esfuerzos en todo el espectro de temas de interés en el formato tripartito: Rusia, la Unión Europea y EE UU. Este formato ayudaría a eliminar inútiles recelos recíprocos respecto a las relaciones entre dos elementos cualesquiera del “triángulo”. Rusia no se propone “meter cuña” en las relaciones transatlánticas, ya que es simplemente imposible causarles un daño mayor que las discordias en torno a Irak. Lo que no quisiéramos es que la unión transatlántica se consolide a costa nuestra.

Respecto a las relaciones ruso-norteamericanas, la actual etapa de cardinal importancia en la creación del sistema global de la seguridad nos aproxima al problema principal: determinar nuestra cooperación en el ámbito internacional, es decir, modus operandi, sin el cual, como ya es evidente, no podremos avanzar. En ello consiste el significado del diálogo, a que el presidente Putin invitó en Munich a todos nuestros interlocutores.

Rusia no pretende llevar la voz cantante en el quehacer internacional, pero tampoco depender de nadie. Lo mínimo que se requiere es la completa igualdad de derechos también a la hora de analizar peligros y adoptar decisiones. Todo parece indicar que va a ser la primera vez en nuestra historia que se comience a defender en plena medida nuestros derechos nacionales utilizando todas nuestras ventajas competitivas.

En los círculos politológicos de Rusia y EE UU se habla de la inevitable “pausa” en el desarrollo de nuestras relaciones bilaterales condicionada por las campañas electorales en los dos países. Creo que no sería la mejor opción. Quisiera que EE UU no se obsesione con la catástrofe iraquí, sino que vuelva a renovar el partenariado con Rusia en base a la igualdad de derechos y ventaja recíproca.

Para la evolución positiva de las relaciones ruso-norteamericanas ofrece buenas posibilidades el trabajo conjunto orientado a realizar la Iniciativa Global de lucha contra los actos de terrorismo nuclear, y las iniciativas adelantadas por los presidentes de Rusia y EE UU respecto al seguro desarrollo de la energía nuclear a escala mundial y el acceso de todos los Estados interesados al provecho que esto traiga observando las obligaciones de no proliferación. La firma del protocolo con EE UU sobre la adhesión de Rusia a la OMC pone de manifiesto también nuestra capacidad de aceptar compromisos. Nuestro intenso diálogo se concentra en los temas de reducir el terrorismo, impedir la proliferación de armas de destrucción masiva, arreglar los conflictos regionales y, naturalmente, asegurar la estabilidad estratégica. Allí donde resulta imposible lograr soluciones mutuamente aceptables, una buena variante sería conseguir la “concordia nominal”. No le negamos a EE UU su derecho a decisiones propias, pero eso significará asumir también su propia responsabilidad y riesgo.

Nuestras relaciones con EE UU no prevén confrontación alguna y menos aún una nueva “guerra fría”, para la cual no existen causas objetivas.

El antinorteamericanismo es peligroso e intelectualmente dañino. Al mismo tiempo, no obstante, es menester eliminar el problema “en sus orígenes”; nos referimos al actual modo de obrar de EE UU en el ámbito internacional. El hecho de que la Administración de EE UU se dejó llevar de la rienda por el grupo de “neoconservadores”, no ha de influir en nuestra postura hacia Norteamérica.

Pero estamos en contra de los “juegos estratégicos” en Europa orientados a crear literalmente de la nada un potencial de confrontación y estructurar la política europea según el principio “los nuestros y los ajenos”. En realidad, a esto conducen los planes norteamericanos de desplegar elementos del sistema nacional de defensa antimisiles en Europa, lo que consideramos como provocación a escala de la política europea y global, máxime que ese proyecto unilateral tiene alternativas colectivas en forma del sistema de defensa antimisiles del teatro de operaciones miliares en Europa con la participación de la OTAN y Rusia. El despliegue de este sistema en Europa es inadmisible y perjudica nuestras relaciones con la OTAN. Si la alianza no está en condiciones de organizar la seguridad colectiva y se convierte en biombo para las medidas unilaterales causando daño a la seguridad de Rusia ¿tendrá sentido para nosotros mantener relaciones con ella?

Pone en guardia el que las estructuras e instrumentos: la OTAN, la Organización de Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE), el Tratado sobre las Fuerzas Armadas Convencionales en Europa y otros, ahora se convierten en medios de restitución de la política de bloques. De hecho, en su marco se lleva a cabo el trabajo contra Rusia. ¿Quién lo necesita? Estoy convencido de que esto no va a durar mucho. Existe el peligro real de que la reforma del sistema europeo de seguridad que no ha llegado a ser ultimado, creará una situación capaz de conducir a la escisión real de Europa con decenios de antelación.

Al mismo tiempo, la política exterior rusa corresponde por completo a la presente etapa de nuestro desarrollo interno, testimonio de lo cual es el vasto consenso de la sociedad sobre cuestiones de la política exterior. Deseamos lo mismo al mundo entero: un desarrollo sostenido, sin conmociones.

____________________

Sergei Lavrov, Ministro de Asuntos Exteriores de la Federación de Rusia (fragmentos de la intervención ante la XV Asamblea del Consejo de Política Exterior y Defensiva, 17 de marzo de 2007), RIA Novosti.

Noticias relacionadas

Sánchez en situación apurada

Casado exculpado por el fiscal

Los ejes sobre los que Hitler construyó el Nazismo

La historia que sigue después es conocida, y sin embargo sus promesas nunca fueron cumplidas

Una muralla para aislar el desierto del Sahara

Intelectuales de todo el mundo analizarán en Marruecos el problema de la inmigración que causa insomnio y desacuerdos en Europa

El discurso de la payasada

Cuatro artículos que me han ayudado a encontrar la mía

Heráclito

Es un filósofo presocrático que ha especulado acerca del mundo y de la realidad humana
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris