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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Mejor es dejar que los muertos descansen en paz

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 26 de marzo de 2007, 11:08 h (CET)
Si les he de ser franco a mí no me importa lo que pueda decir la gente de la calle ni tampoco me importa un bledo lo que puedan decir los políticos enclaustrados en sus urnas de egoismo y falsedad. En realidad les puedo decir que no me importa absolutamente nada que no sea escuchar la voz de mi propia conciencia. Estamos tan acostumbrados a los falsos profetas, a los mesiánicos impostores que predican sobre lo que no creen y que se ven incapaces de admitir para si mismos, que huyo como si fuera la misma peste bubónica de todo lo que pueda tener visos de dogmatismo izquierdista.

Ahora se ha puesto de moda, por el gobierno del señor Zapatero, lo de reescribir la historia de la España de la guerra civil y para ello se acude, como han hecho muchos historiadores, a la pretendida memoria de los escasos ciudadanos que todavía permanecen vivos y participaron de aquellos fastos. Sin embargo, la memoria es flaca y los recuerdos, a lo largo de los años, tienden a distorsionarse como las imágenes contempladas a través de un vidrio enturbiado, por lo que es preferible fiarse de los documentos que, en número ingente, nos dan razón de los acontecimientos de aquellos tiempos.

Por ejemplo parece que los que pretenden bucear en las llamadas “fosas del franquismo” para desterrar restos de los asesinatos de la posguerra, no deberían olvidarse de las famosas “checas”, importadas directamente de Rusia por Alexander Orlov. Me gustaría, pues, refrescarles la memoria comentándoles a los doctos investigadores que, en Madrid, se censaban más de doscientas checas y que en ellas se practicaban con los detenidos (no sólo de derechas, sino también anarquistas y del POUM, cuando cayeron en desgracia en mayo de 1937) las más horribles y sádicas torturas perpretadas por individuos como Jacinto Vallejo y Román de la Hoz en la checa de la Guindalera (c/Alonso Heredia); Elviro Ferret en la checa de Marqués de Cubas; Agapito Garcia Atadell en la checa de Martínez de la Rosa,1; todas ellas de Madrid. En Barcelona actuó con verdadera saña el teniente coronel Uribarri, jefe del SIM; y un músico nacionalizado polaco, llamado Alfonso Laurencic, que fue quien habilitó la checa de Vallmayor y varias otras más. La lista de checas es interminable, pero podemos citar en Barcelona:la de la calle Zaragoza; la Tamarita; la de la calle Ganduxer; la del Seminario y la de Muntaner 321, aparte del Casal de Carlos Marx en puerta de Angel 24 y otras muchas que sería prolijo enumerar. En Madrid podemos citar, entre otras, las siguientes: la de Bellas Artes; la de Fomento; la de las Escuadrillas del Amanecer; Brigada Ferret; la de Atadell; Checa del Marqués de Riscal, nº1; la de la calle Fuencarral y la de los llamados “Linces de la República” como más destacadas. En todas ellas se torturó, violó, y asesinó a miles de personas inocentes, cuya única culpa era ser de derechas o ir a misa o ser religioso o, simplemente, caerle mal al portero del edificio donde residía. Muchos de los cuerpos desaparecieron para siempre, sin que sus familiares pudieran recuperarlos para darles sepultura. Todos los partidos de la República (rojos) tenían, en Madrid, las suyas, así: los comunistas tenían 126; los Anarcosindicalistas, 53; los Socialistas, 33; los Trotskistas, 3: Izquierda Republicana, 1; Nacionalistas Vascos, 2; Autónomos, Indefinidos y Frente Popular, 8. Total 226 checas.

En ambos bandos, como ocurre en todas las guerras hubo muertos. También hubo venganzas y la ley del Talión fue moneda corriente entre los contendientes, pero lo que no es de recibo es que sólo se puedan investigar los desmanes de un bando dejando de banda los del otro. Ortega y Gasset en su “Rebelión de las masas” habló del “hombre masa” como “el tipo humano hoy dominante” que para él estaba “carente de un dentro, de intimidad, falto de vida personal” y añadía “tiene sólo apetitos, cree que tiene sólo derechos y no cree que tiene obligaciones”. Un retrato perfecto de aquellas gentes desarraigadas. En cualquier caso ambas facciones sabían lo que les esperaba si perdían la guerra, por lo que no cabe hacerse los inocentes respecto a lo que hubiera sucedido a los del bando nacional si los que hubieran vencido hubieran sido los republicanos, visto su comportamiento durante el conflico. No creo que su revancha hubiera quedado por debajo de cualquier represalia franquista. La prueba de que se ha exagerado respecto a la represión es que, a los pocos meses de finalizada la guerra, incluso antes de que estallar la guerra europea, la mayoría de los que huyeron a Francia estaban de regreso para entregarse a los nacionales. Tampoco creo que les hubiera ido mejor en manos de los alemanes.

En cualquier caso resulta absurdo e injustificado que, setenta años después de aquel desgraciado conflicto, se presenten los desenterradores de momias para airear pasados antagonismos.

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