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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Tatuajes expresivos

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 26 de marzo de 2007, 11:08 h (CET)
¿Hay tatuajes que nos delatan? ¿Sufrimos marcas y tatuajes involuntarios? ¿Cuál es su significado? Y sobre todo, ¿Para qué se utilizan? Intenciones o anhelos pretéritos quedaron fijados. Pulsiones emergentes desde el magma del subconsciente. Decisiones impulsivas y momentáneas. Simples huellas de la vida que fue pasando y dejó sus marcas. Estos son algunos de los condicionantes. Para el mismo sujeto portador del tatuaje no siempre estarán claras las motivaciones del mismo. Además, en un sentido más figurado, a uno le van marcando con señales que no hubiera deseado. ¿Cómo se perciben desde fuera estos signos?

Como todas las señales que uno lleva encima, vistas desde fuera son ambiguas y no siempre atinadas. No es raro eso de ver sólo lo que se quiere y no lo que es evidente. ¿No les parece? Desde dentro, el portador de una de estas figuras tampoco se libra de ese carácter ambivalente, desde la genética al subconsciente, existen muchos recovecos desconocidos. De ahí aquella respuesta del personaje de Italo Calvino a la pregunta de para qué servía su tatuaje en el tobillo, Mancino respondía: "Tú quieres saber demasiado". No era fácil la respuesta, tampoco para él mismo.

Si no estamos dispuestos a calentarnos la cabeza, todo es muy sencillo y no requiere de nigún razonamiento profundo. Como una mera ocurrencia, sin otros anhelos. Hasta puede ser lo más apropiado, sin buscarle entresijos ocultos a un simple aditamento o ADORNO. Sin un alcance superior, quedémonos con la mera frivolidad e intrascendencia de un dibujo más o menos estético. Sin más.

Las huellas indelebles van quedando grabadas en cada epidermis, es como una exposición de sucesos previos. De forma similar se fijan nuevas marcas y señales en el alma o en el carácter de cada uno. Buscadas o sufridas, son huellas añadidas en una suma interminable. No siempre atesoran unos significados de gran alcance, con frecuencia se ubican en los cuerpos como una RECOPILACIÓN inerte. Olvidadas pese a su evidencia, desdeñadas, serán como una pátina engrosada a medida que pasa el tiempo, indicando esa escasa participación de la voluntad del portador. ¿Pasividad?¿Negligencia?¿Tontería? De todo hay. Muestran unas imagenes con poca sustancia; y en caso de haberla, será más bien externa que del propio sujeto. Como un hombre-anuncio, mero observador de los sucesos acaecidos, impotente o quizá pudiera tratarse de uno de los sufridores muy a su pesar.

Desde la inefable Concha Piquer, sin olvidarme de León y Quiroga, antes de su famosa canción y después, los tatuajes se vuelven dolientes y cansados, olvidos y marcas lejanas; la melancolía de los AMORES grabada con el nombre de los amados. Las emociones se consolidadn en unas figuras y unos nombres entrañables. En estas eternas cuestiones del amor los olvidos generan un dramatismo específico, con mucho mayor realce ahora que se llevan las prisas y lo efímero. Al menos, esos nombres tatuados cerca del corazón tienen una cierta pretensión duradera.

El muestrario de dibujos, bien con imagenes o con nombres, llegando a los signos cabalísticos, nos ofrecen una amplia gama de posibilidades. Hay momentos y situaciones en los que a uno le faltan signos para expresar los sentimientos más intensos. ¿No eran estos para tantas sensaciones? La fogosidad del momento no suele parar en mientes. Pasolini, rebuscando entre los cásicos, señalaba como "Un vacío en el Universo"; haciendo referencia al silencio, vacío, de una realidad que cuesta descubrir en sus profundidades. ¿Cómo llegaremos a los hondos significados? Para no caer en ese extravío expresivo, el tatuaje busca la intensidad o contundencia suficiente. Si al final fue un intento fallido, gesto desmesurado o auténtico estropicio, ya estaremos penetrando en nuevas consideraciones. Somos testigos de una EXPLORACIÓN y una manera diferente de comunicación.

A la hora de alzar el vuelo, utilizaremos las capacidades propias de la mejor manera posible. Uno de esos vuelos potentes es el lenguaje, con todos sus espléndidos mecanismos para expresarnos y diferentes lenguajes. Y entre ellos están los signos, tatuados en la piel o metidos en nuestras mentes. Lo que empezó a ras de suelo, penurias y servidumbres de la condición humana, se convierte en una elevación progresiva y positiva. Vamos introduciendo en el lenguaje cotidiano ironías o metáforas que nos permitirán un giro poético a los sucesos vividos por cada persona. Desde lo rastrero vamos pasando a inmejorables vuelos, como las águilas; eso nos mantiene ilusionados. De la provocación a la inestabilidad vamos logrando unas alas más poderosas, las alas de un lenguaje superador. Dispuestos a convertir los ANHELOS en logros estimulantes. Visto así seremos capaces de alcanzar cotas lucidas.

No es óbice lo referido para que las mejores inquietudes o las experimentaciones más tenaces vayan degenerando en una progresiva frustración. Las actitudes propias de un avance fascinante, los mejores gestos, se convierten en imagenes mortecinas de unas deprimentes realidades. ¿Es frecuente este estado regresivo?¿Se trata de una exageración pesimista? Los estilos actuales tienden maliciosamente hacia las MENTALIDADES TATUADAS. Se podrán distinguir en los más variados sectores del tejido social. Su característica primordial gira en torno a un rictus de piñón fijo, la adquisición de un esquema mental al que adherirse de forma irreversible, con la consiguiente pérdida de dignidad resolutiva.

Acaso dudaremos de unas mentes con ese talante entre los políticos fatuos y eufóricos en sus posiciones inamovibles, tatuadas. Tampoco los votantes de base nos caracterizamos por el dinamismo mental, los votos tienen tendencia a la fijeza unidireccional, fáciles de contentar. Del mismo modo podríamos catalogar a esas formas de pensar derrumbadas, sin asomo de creatividad y muy proclives a una depresión insalvable. Por un activo muy mecanizado o por una inacción desastrosa, no pasamos de una imagen fija.

Una buena excusa para no buscar cambios u otras variaciones más estimulantes, puede basarse en el anclaje sobre la genética. Yo soy así, uno pasa a creer en un determinismo total del cual sólo es responsable su carga de genes. Esta actitud desprecia al medio ambiente, a los factores sociales y a la labor individual; cuando, muy al contrario, todos esos factores modulan los resultados finales con una gran eficacia. El gen no es un argumento suficiente ni definitivo, sólo es la pista de salida con vuelos hacia muy variados horizontes. Constituyen una apertura total a la existencia; a sus propiedades no les va nada bien el inmovilismo.

El tatuaje está abierto a todos los significados. Supone la vida de esa persona, sufrimientos y encantamientos. Son los anhelos. Y son así mismo las frustraciones y los anclajes pasivos sin sentido. Toca escoger una expresión adecuada.

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