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En el adiós de Lluis Llach

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 26 de marzo de 2007, 11:08 h (CET)
Hace aproximadamente un año el cantante Lluis Llach anunciaba su retirada de los escenarios y los estudios de grabación. Durante todos estos meses ha ido recorriendo diversos escenarios por los que durante casi cuarenta años de carrera musical había pasado con éxito despidiéndose de un público en el que se mezclaban las generaciones, estaban aquellos que le vimos en sus primeros recitales y también gente que todavía no había nacido cuando él ya era un cantautor de éxito. Cálidas despedidas en todos los recitales vienen a demostrar que la sintonía entre el cantante y el público está todavía en su punto álgido. Pero Llach ha querido marcharse de los escenarios ahora, cuando todavía está en lo más alto, sin esperar a que el paso y el peso del tiempo fueran quien le retiraran.

Con su despedida se va uno de los mitos de mi generación, aunque los mitos visto de cerca dejan de serlo para convertirse en personas y en personas comprometidas con su país como Llach ha venido demostrando. Recuerdo que hace ya muchos años le pregunte a Raimon si se consideraba un mito y la respuesta fue “mito que caga no vale nada”. La primera canción que recuerdo haber escuchado del cantante de Verges fue “Cal que neixin flors a cada instant” que sonaba bastante en esos programas de radio dedicados a los “hits”. Pero pronto llegaría “L’estaca”, tantas veces entonada a coro en los recitales. Llach escribía canciones y nosotros, en aquellos años grises del franquismo, necesitábamos himnos. Por eso muchos de sus temas pasaron a ser símbolo de lucha contra todo lo que representaba aquel general bajito y de voz atiplada que salía en los sellos de Correos.

La primera vez que nos vimos, hace treinta y siete años, ambos teníamos más cabello. Él lo llevaba bastante largo, llevaba un jersey en tonos claros y era un joven tímido que bebía granadina en las cafeterías mientras hablábamos y yo trasegaba, seguramente, un “torresdiez” que es lo que por aquel entonces bebía. Hablaba con un tono de voz tan suave que se hacía difícil entrevistarle. Luego, en el escenario, se crecía, lo llenaba con su voz a la que tantos años ha acompañado la guitarra de Laura Almerych. “La gallineta”, “l’estaca”, “Campanades a mort” y tantas otras canciones de lucha, solidaridad y protesta contra un mundo que no nos gustaba.

Pero también nos hemos enamorado al amparo de sus canciones y todavía ahora, con el paso de los años, escuchando alguno de sus temas recordamos a aquella jovencita veinte añera a la que tanto amamos y que hoy, seguramente, será una respetable madre de familia a punto de ser abuela. En aquellos días no podíamos prometer grandes cosas, ni sabíamos de hipotecas bancarias. Tal vez por eso para mí una de las mejores canciones de amor sea la que se refleja en esta letra “Si vens amb mi,/no demanes un camí planer,/ni estels d’argent,/ni un demà ple de promeses, sols/un poc de sort,/ i que la vida ens done un camí / ben llarg” (Si vienes conmigo,/no pidas un camino fácil,/ni estrellas de plata,/ ni un mañana lleno de promesas, sólo / un poco de suerte/ y que la vida nos de un camino/ bien largo).

Este fin de semana Llach aprovecha los dos recitales de Verges, su pueblo, para despedirse de las giras, los grandes conciertos y los estudios de grabación. Según sus palabras quiere “reiniciar su vida e iniciar una nueva aventura”. Tal vez a partir de ahora esté más cerca de sus viñedos de Porrera donde hace un buen vino pero también sin olvidar el piano y si algún día la nostalgia le invade no descarta volver a dar algún recital intimista sobre el escenario de algún pequeño teatro. A nosotros, los que hemos transitado esta vida con sus canciones, siempre nos quedarán éstas y con su audición todos los recuerdos de tantos y tantos años escuchando a Lluis Llach un hombre que siempre ha sabido qué es lo que quería y que ha sabido ser un ejemplo de fidelidad a su tierra y a su manera de pensar aunque esa forma de obrar le trajera más de una censura por parte de quienes ostentaban el poder. A la vista de cómo andan de revueltas las cosas en el mundo de la política española y del grado de crispación que la derecha de siempre intenta agitar no me extrañaría verme de nuevo tener que volver a entonar la letra y las notas de “l’Estaca” esa vieja canción que nosotros, necesitados de ello como estábamos, convertimos en himno. Lluis “bon vent i barca nova” que te diría Ovidi.

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