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El rebaño de Pastor
Antonio Álvarez
El balonmano es uno de nuestros deportes más prolíficos. A nivel europeo, nuestros clubes son los emperadores de las competiciones; y en cuanto a la selección, esta “roja” sí que ha conseguido triunfar en un Mundial –no como otras-. Portland San Antonio, Ciudad Real y Barcelona son equipos respetados y laureados a nivel continental, además de monopolizar entre ellos las tres últimas finales de la Liga de Campeones.
Pero, en representación de la clase obrera, el C.B. Valladolid –que en sus inicios estuvo formado por trabajadores de la Michelín- ha accedido a las semifinales del máximo torneo europeo por primera vez en su historia, algo que ni el más forofo podía imaginar. Y es que, hace casi ya doce años, los jugadores de este club tuvieron que encerrarse para reclamar ayudas a las instituciones. Desde entonces, y de la mano de gran Juan Carlos Pastor, el conjunto pucelano solo ha sabido crecer. En su haber dos Copas de S.M. el Rey y una Copa ASOBAL, a mayores de unos cuantos subcampeonatos, como el cosechado la temporada pasada en la Recopa de Europa.
Sin embargo, el camino siempre estuvo sembrado de minas. Este tipo de clubes modesto asumen año tras año la marchar de sus jugadores más importantes:
Davis, Fis… y, en junio, Eric Gull y Rubén Garabaya –de momento-. No obstante, el momento más crítico llegó a principios de los 90, cuando la empresa Michelín anunció que retiraba su apoyo económico. Entonces, un grupo de aficionados convocó una junta para salvar al equipo de la desaparición, llegando a poner cada presente en la reunión, y de manera totalmente altruista, 10.000 pesetas. Por ello, no se puede tachar de demagogo a su actual presidente, Dionisio Miguel Recio, cuando dice que “la afición es el primer carburante”.
A pesar de todas las dificultades, de tener un presupuesto más ajustado que Ronaldo en una talla 38, y de no ser uno de los favoritos, el Balonmano Valladolid se ha colado en el cielo, siendo el único equipo que no ha perdido ni un solo partido en toda la competición. Ahora toca superar al Flensburg, verdugo del Barça, para alcanzar la gloria, aunque la eliminatoria está realmente “chunga”.
Por último, y para dejar abierta una puerta a la esperanza, un dato: en su historia consta que el C.B. Valladolid ha jugado al menos una final de cada uno de los torneos en los que ha participado ¿Llegará a la de la Champions?
Sin duda, su afición se lo merece más que ninguna.
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