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Opinión
Etiquetas:   Las plumas y los tinteros  

Knut

Daniel Tercero
Daniel Tercero
viernes, 23 de marzo de 2007, 12:16 h (CET)
El absurdo teatral y humorístico que los españoles hemos aportado al mundo nunca superaría, sin duda, al último acontecimiento que algunos alemanes han protagonizado esta misma semana. Desconozco si Muñoz Seca escribió, o Tip y Coll representaron, algo similar a todo lo que está rodeando a un oso recién nacido llamado Knut en el zoo de Berlín. El histerismo de los movimientos globales, como el ecologismo y la defensa de los animales, debería de empezar a recibir opiniones de apostasía para que no hablasen en nombre de todos los humanos, también animales. Unos más que otros, claro, pero animales al fin y al cabo. ¡Coño! Acaso ¿no se están convirtiendo, estos movimientos, en iglesias universales y creencias dogmáticas?

Frank Albrecht se dice así mismo especialista en defensa de los animales y como tal habló para el diario alemán Bild para exponer sus ideas en torno al reciente nacimiento de un oso polar en el zoológico berlinés. Ni corto ni perezoso, el especialista, se despachó con unas afirmaciones dignas de la paranoia en la que viven muchos de los salvadores del planeta, tanto en lo ambiental como en lo animal: “El zoo debe matar a ese osezno. Knut sufrirá problemas de comportamiento durante el resto de su vida”. Como el oso polar ha nacido y vivirá, probablemente, en cautividad el resto de su vida, mejor acabar con él, ahora que es joven, con una inyección letal, ha pensado, y dicho, Albrecht. ¿Es este el ideario de los defensores de los animales -no humanos, cabe especificar- o es solo un loco histérico más de los muchos que proliferan en este mundo nuestro llamado Tierra?

André Schüle, veterinario del zoo, no entiende las afirmaciones de Albrecht -¿quién sí?- y ha declarado que cosas como estas le ponen enfermo: “Los osos polares están bajo la amenaza de la extinción, y si podemos alimentarlos con un biberón, tienen muchas oportunidades de crecer y, quizás, de convertirse en objeto de estudio para otros zoos”. El especialista histérico no ha podido responder mejor a la decisión de Schüle de exculpar a Knut de una sentencia a muerte o eutanasia obligada por imperativo animal: “Si una madre osa polar rechaza a su hijo [caso de Knut, cuya madre ha rechazado en sus tres partos a todos sus hijos, siempre], entonces creo que el zoo debería seguir los instintos de la naturaleza”. Nunca estuvo tan clara la idea del naturalismo animal planteada por un humano defensor de los animales. ¿Alguien lo entiende?

Pero Albrecht no es el único que piensa de esa manera tan macabra. Rüdiger Schmiedel, presidente de la Fundación por los Osos en Alemania, y la asociación Cuatro Peones, grupo alemán que defiende a los animales -eso dicen-, apoyan al primero y califican la decisión de Schüle de “inhumana”. ¡Toma nísperos! ¿Alguien da más? ¿Es esto una obra de Muñoz Seca? ¿Está don Mendo entre nosotros?

Menos mal, sobre todo para la izquierda, que todavía alguien piensa dentro de las formaciones políticas autocalificadas como verdes. Undine Kurth, de Los Verdes, y Petra Pau, del Partido de la Izquierda, se han manifestado a favor de dejar con vida a Knut, y han rechazado la eutanasia del prójimo, en este caso la eutanasia del oso.

Y de todo esto ¿qué piensa el neonato? Solo falta que cualquier día de estos Knut dé una rueda de prensa para dar a conocer su parecer acerca de su existencia, su muerte y la relación de los osos en un hábitat tan poco natural como son los zoos. Por suerte para Albrecht, y para desgracia nuestra, esto último no ocurrirá.

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