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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Del blanco al negro

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 22 de marzo de 2007, 11:26 h (CET)
Nadie ha puesto en duda que las manifestaciones organizadas por las izquierdas estén tan legitimadas como las de la derecha ¡faltaría más!, siendo, como son, los que más han hecho uso de este derecho y los que con más virulencia lo han utilizado contra los gobiernos que ellos llaman conservadores. Pero tampoco podemos obviar que las recientes manifestaciones de Pamplona y las que se han producido, con mayor o menor éxito de participación, contra la guerra de Irak, tenían la pretensión, más o menos velada, de servir de contrapeso a las recientes concentraciones multitudinarias convocadas por el PP y por el Gobierno navarro. Han procurado desvincularlas de este objetivo, han intentando darle un carácter de protesta contra la desenpolvada guerra de Bush para, de paso, meterse con saña contra el señor Aznar y el PP, insistiendo una vez más, en que la guerra no se ha acabado y que sigue viva ¡y viva seguirá, no hay duda!, mientras les sirva de pretexto para desacreditar a sus enemigos de siempre, o sea, la derecha.Veamos, para poner un ejemplo, sería como si ahora la derecha se quisiera manifestar contra los que fueron causantes del Gal o las malversaciones de fondos reservados o el mismo caso Zabala, argumentando que el señor Felipe González todavía no ha pagado por ello y que debiera ser juzgado por sus responsabilidades de entonces. También lo hubieran podido hacer en contra de la guerra de Afganistán que tantas víctimas ya se ha cobrado entre nuestos soldados (helicóptero, Idoia etc.), pero no, porque la guerra de Afganistán está apoyada por el PSOE y no vale tirarse piedras sobre el propio tejado.

Pero si quieren que les de mi opinión, la jugada les ha salido desgraciada, coja y desangelada, porque ha permitido a la ciudadanía hacer una comparación entre ambos tipos de concentraciones y, no hay duda de ello, las convocadas por las víctimas del terrorismo y las más recientes del PP y del Gobierno navarro, han ganado por goleada.

Han arrasado en cuanto a número de asistentes -en Pamplona cuatro mil en la concentración del sindicato ELA, a favor de la anexión, y cien mil en la del Gobierno foral; en Madrid entre uno y dos millones- lo han hecho también en fervor, oden y civismo; han apabullado en cuanto a españolidad de los asistentes y en espectacularidad, como el maravilloso espectáculo de miles de banderas roji-gualdas ondeando al viento, que también estuvo presente como si quisiera dar más realce al acto. Ni una sola bandera del aguilucho de San Juan, ninguna salida de tono, todo limpio, pulcro y sereno; obviando cualquier otro objetivo que no fuese el fijado como eslogan en cada una de ellas (vean, por el contrario, las fotografías de las manifestaciones de los sindicatos afines al Gobierno, de Madrid y Barcelona, únicas que reunieron a algunos miles de personas, y podrán comprobar como las pocas enseñas que aparecieron fueron las banderas republicanas y las de la estrella separatista, eso si, muy gritonas y vocingleras contra Aznar y el PP).

La prueba del impacto conseguido por las reivindicaciones masivas de los ciudadanos en contra de la excarcelación de De Juana Chaos y de la negociación con ETA para anexionar Navarra al país vasco; ha sido que el Gobierno se ha quedado descolocado por unos días. Pepiño Blanco y la Vicepresidenta se han quedado afónicos por unos días y el señor Zapatero ha tenido que recurrir, en sus mítines, a citar los logros conseguidos por el Ejecutivo en materia económica; la primera vez que lo hace. No habla de grandes mejoras sociales (porque no las ha habido) ni de grandes logros en política extranjera (porque cada una de las intervenciones de Moratinos y del propio Zapatero han sido fiascos como la copa de un pino) ni de la desaparición del terrorismo (porque sigue vivito y coleando), sino que se refugia en la bonanza económica que, sí es verdad que la hay, se debe en gran manera a la tendencia de todos los países del Mercado Común, de cuya política no puede separarse nuestra economía y a que, el señor Solbes (único ministro que se salva de la quema del PSOE), ha seguido la política prudente de su antecesor en el cargo el señor Rato. Hay que anotarle en su debe lo de la OPA de Gas Natural, los mangoneos últimos con la empresa italiana ENEL y su intervencionismo en la comisión de la Energía.

En estos momentos el Ejecutivo está tratando de conseguir que Batasuna o una de sus sociedades tapadera, pueda presentarse a las municipales para tratar de poner en jaque al gobierno foral de Navarra. Hay quien dice que ya se ha pactado con Batasuna que, un día de estos, pudiera presentar un comunicado remunciando a la violencia. Un trágala más para los españoles y una trampa torticera para conducirnos hacia su fin último que es: entregarle a ETA el país vasco y Navarra. Luego continuaría separando a Castilla de León y así seguirá hasta conseguir su anhelado estado federal dominado por las izquierdas. ¡Pobre España, quién la vió hace tres años y quien la ve ahora! Es una verdadera pena.

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