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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

¿Sufren los animales en la producción de leche y huevos?

José Vicente Cobo
Vida Universal
miércoles, 21 de marzo de 2007, 19:04 h (CET)
Vosotros los seres humanos sois los únicos seres vivos que en la edad adulta bebéis todavía leche materna, y que además proviene de otra especie. Y ¿nosotros? Nuestras madres vacas son inseminadas artificialmente año tras año, para traer hijos al mundo. Y como ocurre con los seres humanos, las vacas sólo pueden dar leche después de haber parido. Pero a nosotros los terneritos no se nos consiente beber esa leche, sino que poco tiempo después del nacimiento se nos separa de nuestra madre. Ella nos llama y nosotros la llamamos, pero vosotros no sentís ninguna compasión. Nos criáis con lo que llamáis sustitutos lácteos, hasta que después de unos meses se nos arrastra hasta el carnicero para terminar como carne tierna de ternera en los platos de los consumidores. Mi leche me pertenece.

La mayoría de las veces nuestras madres no nos vuelven a ver, a no ser que nos toque el mismo destino que a ellas, vegetar como vacas lecheras. Esto significa parir un hijo por año, el cual nos es quitado inmediatamente después de nacer. Entre seis y ocho semanas después del parto, de nuevo somos inseminadas. Mientras un nuevo embrión se desarrolla en nuestro cuerpo, somos ordeñadas diariamente. Esta doble carga debilita nuestro organismo, de forma que la mayoría de las veces en pocos años no podemos mantener ese rendimiento o caemos enfermas. Cuando ya consideráis que nuestra productividad no es suficiente, acabamos, al igual que los demás, ante el carnicero.

Nosotras, las gallinas ponedoras, pasamos nuestra existencia de manera cruel. Mediante la cría nos habéis llevado a tener que poner hasta 320 huevos por año. Pero no se nos permite empollar ninguno ni llegamos a ver cómo nuestros hijos salen del huevo.

En Alemania, por ejemplo, cada año son cerca de noventa millones los huevos que se incuban en gigantescas incubadoras, pues necesitáis una y otra vez de nuevas gallinas ponedoras, ya que después de dos años nosotras ya no podemos rendir más; en agradecimiento por ello nos pasáis por el cuchillo. Nosotras ya sabemos lo que pasa con nuestros hijos, pues nosotras mismas lo hemos experimentado.

Pocas horas después de salir del huevo, nuestros pollitos pasan a una cinta transportadora donde los varones son separados de sus hermanas hembras. Como la mitad de los pollitos, 45 millones cada año son machos, y por tanto no pueden poner huevos, carecen de valor; por lo tanto siguen por la cinta directamente hacia la muerte. Son asfixiados con gas o su cuerpo vivo es troceado a su paso por cuchillas rotantes. ¿Quién os ha dado a vosotros los humanos el derecho a matar a tantos millones de seres inocentes?

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