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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Obsesión morbosa

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 21 de marzo de 2007, 11:25 h (CET)
A veces resulta desconcertante esto de sentirse como un extraño en su propia tierra. Pero, si debo ser sincero con ustedes, cada vez percibo con más fuerza como mis conciudadanos se van alejando de todo aquello en lo que he creido y confiado desde que tengo uso de razón, y esta sensación me resulta penosa y descorazonadora a la vez.

Me refiero a unas entrevistas que se realizaron, a pie de calle, por determinados medios de comunicación, a algunos transeúntes catalanes pidiéndoles su opinión sobre la manifestación del día 10 de marzo en Madrid –la convocada por el PP –, en contra de la excarcelación del etarra De Juana Chaos. Es lógico que existiera pluralidad de opiniones, es normal que no todos valoraran por el mismo rasero la conveniencia o inconveniencia de celebrarla, hasta se podría aceptar que grupos más extremistas quisieran apoyar por la política de los socialistas. Lo que ya no es tan comprensible es que, cuando en todas las capitales importantes de España, hubo una gran mayoría de ciudadanos que se inclinaron abiertamente a favor de la convocatoria de la manifestación y en contra de que el Gobierno cediera al chantaje –materializado en una, más que discutible, huelga de hambre – del criminal de ETA; resulte que, por el contrario, la ciudadanía catalana, incluso parte de la burguesa, se manifestara abiertamente en contra del PP y de su iniciativa, calificándola de una manipulación política. Por lo visto bastaba que el PP lo propusiera para que todos se pusieran en contra, con independencia de que ello supusiera ponerse al lado del etarra y apoyar la rendición incondicional del gobierno de Zapatareo ante el chantaje de De Juana Chaos. Se podría decir que los que criticaban la manifestación eran partidarios de que un criminal, que ha asesinado a veinticinco personas, saliera de rositas cuando se había burlado del Gobierno, de la Justicia y de todos los españoles. Pero vean ustedes la antítesis. Estos mismos fueron los que asistieron en masa, cuando se trató de protestar contra lo del Prestige o lo de la guerra de Irak. Entonces no tuvieron ningún inconveniente en cebarse con el PP y con Aznar porque les convenía para sus fines electorales. Esta doble moral, este sectarismo, esta manera obtusa de denigrar al contrario para sacar beneficios políticos tiene, sin embargo, sus raices en una política arrastrada desde el franquismo por las izquierdas catalanas, apoyadas, consciente o inconscientemente, por los de Convergencia y Unió. Ellos fueron quienes difundieron la falacia de que el resto de España se aprovechaba de Catalunya y que los catalanes eran los peor tratados de todo el Estado. Durante años han seguido sembrando la semilla de la discordia a través de partidos y organizaciones separatistas como Esquerra Repúblicana, con la colaboración de los progres de la farándula (algunos de ellos convertidos en millonarios y burgueses); hasta que, el gobierno del señor Zapatero, les ha permitido cosechar los frutos tanto años de insistencia. Hoy en día una gran parte de la sociedad catalana se declara atea, se muestra beligerante con los católicos, se aferra al hedonismo del “ande yo caliente” y se entrega a las drogas, la violencia y el sexo por el sexo, sin importarle un comino entregarse a las más rebuscadas aberraciones porque sabe que el Gobierno le apoyará en sus insensateces porque todo ello forma parte de su estrategia contra la familia, el catolicismo y la derecha.

Gobiernos como el Tripartito de Montilla, fomentan este sentir frentepopulista debido a que les ayuda a transformar a la sociedad catalana, valiéndose de su sentimiento catalanista, en una ciudadanía izquierdosa, laica, independentista y librepensadora. Propuestas del calibre de la expropiación de pisos vacíos o la actitud de permitir campar por sus respectos a sujetos como los okupas o la despreocupación ante el aumento de la delincuencia y la proliferación de bandas armadas; promoviendo un Estatut que representa la independencia de hecho de España; son ejemplos palpables de una gestión partidista cuyos efectos se comienzan a percibir por los ciudadanos. No es raro que, cada vez más, se den casos de empresas multinacionales que deciden abandonar nuestro país para ir a refugiarse en otros paises donde tienen menos problemas y se benefician de salarios más bajos. Muchas han abandonado Catalunya, y la tendencia va en aumento. A ello le seguirá un éxodo de cerebros, ya que nadie puede imaginarse que podrá acceder a un puesto importante en ninguna especialidad sin un buen domino del castellano. La juventud se percatará pronto que formarse fuera de Catalunya les amplía sus perspectivas de futuro.

Pero, lo que aún resulta más preocupante, es la falta de sensibilidad frente al dolor ajeno. Es inconcebible que una gran parte de la sociedad catalana (incluido un buen segmento de la burguesía) pueda obviar el sufrimiento de los familiares de las víctimas del terrorismo como si no les afectara en lo más mínimo. Quizá piensen que es mejor olvidarse de ellas y procurar silenciarlas para que no incordien y así poder tranquilizar sus conciencias. Seguramente creen que lo mejor es dejar que Zapatero llegue a un acuerdo con los terroristas, sea como sea y, de paso, ver de intentar sacar provecho de su apoyo al Ejecutivo para exprimir al resto de la nación. Buscan el poder y, para ello, necesitan una Catalunya independiente. Luego que lo consigan ya veremos como se las arreglan, pero el daño ya estará hecho.

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