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Etiquetas:   Con permiso   -   Sección:   Opinión

Las fotos blasfemas y los progres oficiales

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
miércoles, 21 de marzo de 2007, 11:25 h (CET)
Lo siento, lo siento. Detecto en mí cierta incapacidad para comprender algunas de las posturas oficiales de la progresía oficial de este país. No es redundancia, es verdad, hay quien vive de ser progre oficial. Que a estas alturas de la construcción de una sociedad de respeto me vengan José Saramago, Montxo Armendáriz, Miguel Ríos, Luis Pastor o Pablo Guerrero y otros cuantos más a los que profesionalmente admiro un montón a defender las ofensas de un autodenominado intelectual extremeño es para mandarles a todos al carajo. Uno, que tiene puestas en la izquierda muchas confianzas de mejora de la sociedad, tantas como en la derecha, da por supuesto que el respeto a los demás, a sus creencias, a sus opiniones y a sus sentimientos acompaña al espíritu de quienes saben que sus libertades y sus derechos, de expresión también, terminan allá donde empiezan los de los demás. Es norma imprescindible de la vida social.

La izquierda ha impregnado nuestra crédula juventud de un espíritu de honradez y limpieza, de respeto y de apoyo a las minorías... salvo a las minorías religiosas. Aquí andamos pensando que hacer publicidad con dos niñitas vestidas de mayores y con la cara maquillada es promocionar el turismo sexual y lo prohibimos: 'Nene, caca' le decimos al publicista encargado, que hay que respetar, faltaría más, la infancia, santa infancia, del tercer mundo. No hacemos chistes de gangosos, de homosexuales o de enanos porque eso es burlarse de otros seres humanos tan respetables como el que más. Censuramos (con lo que a algunos les cuesta defender la censura, joé) otra publicidad de hombres aparentemente forzando a una mujer porque sentimos un infinito respeto
por ellas y porque podría suponer una invitación a la violación, nada menos. Bienvenida esa censura, yo la aplaudo con frecuencia.

Pero no, a las personasa religiosas bien se las puede, ofender, nada de respeto para ellas, que aguanten, que aguanten, que para eso está la libertad de expresión. Pero ¿dónde queda la libertad de expresión del creador en los casos anteriormente descritos? ¿Acaso no se la elimina en nombre de otros bienes más elevados como el respeto a las minorías? Porque la libertad sólo puede tener un límite, la libertad de los demás. Yo no puedo quejarme de que ofenden a las personas de determinada raza o de determinado origen si no defiendo a las personas de determinadas ideas.

José Saramago me parece un escritor plasta, muy plasta. Eso no quiere decir que lo sea; antes al contrario estoy marcando mis limitaciones culturales, lo siento. Pero que sea, sin duda, un gran escritor no quiere decir que siempre tenga razón, que acierte cuando habla de cosas terrenales ni siquiera que sea objetivo ni neutral, que debería ser su primera tendencia, su búsqueda más fuerte, su más alta pretensión. Respecto a los otros firmantes... qué puedo decir, que unos son muy buenos músicos (anda que no he bailao yo en la disco de mi pueblo con sus canciones), buenos cineastas, que son muy de izquierdas... pero que inteligentes, muy inteligentes... no deben ser.

Digo yo que si en nombre de esa libertad de expresión pudiera yo decir cuanto se me pase por la cabeza dónde andarían mis vecinos de arriba, el jefe del subsector de tráfico de Matalascañas de Campos y ese vecino que siempre deja abierta la puerta del ascensor en el noveno piso. Si no pusiéramos filtros, de educación, de respeto, de convivencia en definitiva, no nos permitiríamos un minuto de respiro nunos a otros, nuestro mundo sería insufrible.

Uno, que está prendado de las teorías de la izquierda, de algunas de las teorías de la izquierda, se tiraría de los pelos si pudiera al observar sus prácticas, sus malas prácticas, su pésima realidad.

Ay, si todo fuera predicar sin tener que trigo dar.

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