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Si ya apenas quedan velas, apaguemos las que quedan

Pelayo López
Pelayo López
martes, 20 de marzo de 2007, 09:54 h (CET)
Ya están aquí, ya han llegado un año más las tradicionales fallas valencianas con motivo de la celebración de San José. La fiesta al más puro estilo mezclada en las calles con numerosas motos rugiendo, sin sentido ni cabeza, y, por supuesto, con mucha pirotecnia. Si lo de las 2 ruedas se ha convertido en algo habitual en los últimos años -seguramente al rebufo de los buenos resultados cosechados por nuestros pilotos en los circuitos-, lo de la pirotecnia -los fuegos artificiales hacia el cielo por un lado, y los petardos de todo tipo hacia el suelo por otro- se remonta bastante más lejos en el tiempo. Y, cada año, no sólo arden las fallas diseñadas para tal propósito, sino también algún que otro pedazo de carne –esperemos que en las que ahora se celebran no lo haga ninguna pieza entera-: churrasco al fuego de la imprudencia confiada. Que no se juega con fuego es algo que todo el mundo aprende y que la mayoría practica, sin embargo, en fechas tan señaladas, parece que la temeridad rompe barreras. Para colmo, este año, el humo cegador cobra más vigor aún, ahora en forma de clase docente por parte de una agrupación festiva a los más pequeños sobre cómo hay que lanzar los petardos. Demostrado queda, las cenizas no esterilizan la osadía.

No es de extrañar todo esto. Para ver que cualquier resquicio de dislate, venga de donde venga, puede provocar un incendio, no hace falta más que darse una vuelta por nuestras cámaras, léase la baja y la alta. Allá andan políticos de todo corte, precisamente, más que cortando fuegos, avivando las llamas de la irresponsabilidad oriunda de otros pabellones menos recomendados para visitar. Espectáculo, lo que se dice espectáculo, ofrecen el mismo, o más –lo que supone un grado de bochorno democrático tan candente cómo se supone el infierno-, que las televisiones de nuestro país. Salvadoras ellas, corren ahora al rescate de los menores. La máquina de la verdad, el llamado polígrafo, exprimidas sus ubres de la indecencia, será ahora, según parece, marginado hasta tiempos futuros más proclives. Los mismos que lo encumbraron a las torres de la lucha por la audiencia, creen a estas alturas que los escándalos que supone tal artilugio deben borrarse del horario infantil. La sensatez nos ilumina de vez en cuando, así que, dado que se acerca el Día Mundial Forestal, y el fuego siempre supone un peligro, si ya apenas quedan velas, apaguemos las que quedan.

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