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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

La Norteamérica Adicta: Drogas e Inmigración

Ben Tanosborn
Redacción
sábado, 17 de marzo de 2007, 20:46 h (CET)
Esta última gira de Bush ha sido considerada un tour de force para las relaciones con Latinoamérica, pero de tour tuvo poco y definitivamente en cuanto a simulacro de proeza diplomática, nada; una total perdida de tiempo. Los jefes de estado de Uruguay y Brasil, ambos en el polo opuesto a Bush en política, tuvieron que esforzarse a esa cortesía requerida en el mundo de la diplomacia, probablemente preguntándose por que Condi Rice les había dado estos papeles en una farsa de cinco actos. Las paradas en Colombia, Guatemala y Méjico tienen más sentido desde que son esas naciones las que suministran las dos gran dependencias ilícitas de EEUU: drogas e inmigración. Uribe (Colombia) y Calderón (Méjico) tienen un buen compa en Bush, los demás no.

Fue un viaje sin sentido para un dignatario también sin sentido a una región donde la influencia de EEUU ha casi desaparecido en lo referente a una relación especial de buenos vecinos. Los latinoamericanos, por lo menos el 80 por ciento – los que son extremadamente pobres – se han dado cuenta que EEUU nunca fue un verdadero amigo, tan solo un padrastro abusivo; y que futuras propuestas de su parte tendrán un precio demasiado alto, un precio de lujo que no podrán permitirse pagar.

Y por que iba EEUU a ayudar a Latinoamérica… ¡nunca lo hizo! En este último siglo todos los programas e inversiones hechas en Ibero-América por EEUU han sido minúsculas (programas) o han tenido resultados explotadores (inversiones). El oír decir a Bush que los 1.600 millones de dólares que EEUU otorgó el año pasado a Latinoamérica fue dedicado a causas de “justicia social” es ir de lo ridículo (la pequeña cantidad) a lo sublime (diciendo que era para causas de justicia social) y de vuelta a lo ridículo (la mayor parte de esa suma fue para fines militares – lucha contra las FARC – e interdicción de drogas). De hecho, Venezuela, con una duodécima parte de la población estadounidense, aportó más ayuda a los pueblos de Latinoamérica, cuando se incluyen los subsidios dados en el precio del petróleo, que EEUU. Así que basta, Señor Bush, de seguir con el engaño… ¿causas de justicia social dice Mr. Bush?

Pero aun si la América del Norte nunca se sintió obligada a ayudar a la otra América a su Sur, reconoce que los latinos tienen roles claves en las dos grandes adicciones del país. Para bien o para mal, tanto la parte latina del hemisferio como la anglo están vinculadas de varias maneras, un hecho que saben bien los políticos de ambas partes.

Los políticos que hacen proselitismo a una economía de incentivos a la oferta han tachado de primo al trabajador estadounidense por un cuarto de siglo con su economía de chorrito. Claro que a su vez los políticos han tachado de boba a toda la población, y por medio siglo, al no reconocer el significado de la demanda en nuestras realidades.

Llevamos más de dos generaciones luchando contra los que proveen estupefacientes a nuestra población, incapaces de admitir que el problema de la drogadicción radica principalmente en la demanda, y no la oferta. Bueno, pues el tener un Zar-antidrogas y una guerra declarada para defender nuestra pureza es simple estupidez. Si decidimos echar a un lado la hipocresía, nuestro éxito con este problema biológico-social seria mucho mayor, a un costo inferior y más humano, y no causaríamos tantos problemas a las naciones de Latinoamérica que nos proveen las drogas. Esta es una cuestión donde seres inteligentes, no importa sean anarquistas o capitalistas, llegarían a un completo acuerdo: que no tiene sentido considerar el problema del alcohol y drogas como un acto criminal. Pero los políticos han preferido vendar sus ojos a esta realidad.

Y, de forma similar, también han decidido vendar sus ojos a la otra realidad domestica que ahora domina el panorama estadounidense: inmigración indocumentada o ilegal (adjetivo según sentimiento personal). ¿Por qué? Por la simple razón que este tipo de inmigración debe ser enfocado desde el lado de la demanda, y no la oferta. De nuevo, lo mismo que con la cuestión de drogas ilícitas, no debe tratarse como un acto criminal. En ambos casos necesitamos acabar con la demanda o sofocarla con una legislación apropiada asegurándonos de tratamiento en todos los aspectos: humanos, sociales, económicos y políticos.

La adicción de los estadounidenses al trabajo de los indocumentados no es solo una cuestión de aumento de beneficios para las empresas, sino también para el ciudadano codicioso. Nuestro estado anárquico en inmigración ilícita no es solo culpa de políticos de derecha, o de los otros políticos de menos-derecha, es de todos. El problema lleva con nosotros por dos generaciones, sin haber sido enfocado apropiadamente y en su totalidad por la legislatura hace dos décadas cuando se supone todo se puso a punto, convertido ahora en un monstruo que asusta a la población; un dragón que la mayoría pide tenga fin, con la ayuda del gran caballero Jingo, patrón de la patriotería, así como de sus dos escuderos y venerados comentaristas, Lou Dobbs y Patrick Buchanan, para acabar con él y que de esta forma podamos mantener intacta nuestra hegemonía.

Durante su última parada en Méjico, Bush fue amonestado por el recientemente elegido mandatario sobre la murallita que según el Congreso estadounidense anterior debe construirse en parte de la frontera entre los dos países. Esta pared, algo que no va mucho más allá de lo simbólico, no le gustó nada a Calderón, quien dijo a Bush que tal muralla no impediría el que sus paisanos crucen la frontera. Algo de Perogrullo. Con su dependencia en mano de obra, EEUU ha creado a su vez una adicción para ese país, ya que son entre 20.000 y 30.000 millones de dólares que los mejicanos remiten anualmente a sus familiares en Méjico, haciendo que estas remesas sean, después del petróleo, la fuente de ingresos número dos del país.

Una amiga y trabajadora social, cuyos abuelos maternos cruzaron la frontera desde Méjico en los años 50, ilegalmente cabe decir, me confesó el año pasado – asumo que en broma – que si EEUU quisiera verdaderamente resolver esta crisis, tanto para nosotros como para los latinos, solo tendría que hacer una redada de todos los indocumentados sin discapacidades y darlos un entrenamiento militar por seis u ocho semanas, a lo Al-Qaeda, y entonces mandarlos a sus países de origen con una ametralladora AK-47 en sus manos, y una promesa de que EEUU los ayudaría una vez hubiesen derrocado sus gobiernos corruptos. No tuve el coraje de decir a mi amiga que esta nación no paga ni patrocina, ni siquiera da el imprimátur, a revoluciones cuyo origen provenga de los oprimidos… ya que nosotros ayudamos solamente a opresores. Es la naturaleza del capitalismo de rapiña... muy diferente al de libre empresa.

En cuanto a esas dos enormes dependencias, drogas e inmigración, continuaremos haciendo poco o nada, culpando – como siempre – el lado de la oferta.

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