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Opinión
Etiquetas:   Punto crítico  

Inmaculada Echeverría: el derecho a morir dignamente

Raúl Tristán

sábado, 17 de marzo de 2007, 09:36 h (CET)
Celebro el triunfo personal de esta mujer, una mujer que ha debido luchar durante años contra la enfermedad, sufrirla por ley, obligada a ello por lo retrógrado de nuestras costumbres, basadas en la supuesta pertenencia de nuestra vida a un Dios Todopoderoso.

No hay dioses dueños de nuestra existencia. La vida de una persona tan sólo a esa persona compete. El ser humano es dueño de su vida, no se la debe a nadie, no se la tiene alquilada a nadie. Es una propiedad privada inalienable, inexpropiable, intransferible.

Vivir una vida de sufrimiento continuo´y aceptarlo y asumirlo como "es lo que me ha tocado vivir", "debo afrontarlo y sobrellevarlo porque es mi carga, mi destino, lo que Dios ha querido para mí", entra en los conceptos de raíz judeocristiana que pretenden anular una de las mayores certezas (y derecho fundamental) que caracterizan al ser humano: el libre albedrío, la no determinación.

El ser humano es libre, no dependen su juicio ni sus acciones de los designios divinos, ni de hados, ni de demonios. Y su vida le pertenece de modo absoluto.

El ser humano es libre y tiene derecho a poner fin a su vida cuando le plazca. tiene derecho a vivir con dignidad, pero también a morir con esa misma dignidad.

La muerte deseada no debe ser considerada como un pecado, ni un atentado contra la Naturaleza, ni un sacrilegio...

Hay personas capaces de vivir en una silla de ruedas, o como vegetales en la cama de un hospital, o viendo cómo día a día sus facultades mentales o físicas menguan... y hay personas que no se sienten capaces de sufrir de ese modo que a la tradición cristiana tanto le ha atraído siempre. Flagelos y cilicios, sufrimientos y pesares para otros. El hombre no ha venido a este mundo para sufrir, aun cuando el sufrimiento nos rodea y es una condición sine qua non humana. Pero una cosa es que el sufrimiento esté ahí, inevitablemente, y otra que lo aceptemos cuando en nuestra mano está el evitarlo.

El cuerpo puede ser una cárcel para la mente, o para el espíritu.

En la línea liberal más radical, yo afirmo que el ser humano es el único dueño de su vida, y por tanto puede y debe decidir cuándo pone fin a la misma, si ese es su deseo. Espero que este país abandone pronto la línea marcada por la tradición católica, y legalice el derecho a morir, o mejor dicho, ya que es un derecho, no es necesario legalizarlo, sino despenalizarlo, para que se den las circunstancias necesarias para que se pueda facilitar, sin que terceras personas se vean acusadas de homicidio, asesinato etc...

Feliz seas, Inmaculada, allá donde tu ser se encuentre.

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