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Etiquetas:   Conflictos y dilemas   -   Sección:   Opinión

¿Cual es el partido político del ificialismo?

Francisco Montesano
Francisco Montesano
sábado, 17 de marzo de 2007, 09:36 h (CET)
Ni Perón ni Evita, ni siquiera el 17 de octubre de 1945 existen prácticamente en los discursos presidenciales de Nestor Kirchner, las fotos de ambos han desaparecido, olvidando la liturgia peronista.

Sería importante primeramente determinar qué es el peronismo. Tanto Eliseo Verón y Silvia Sigal en su ya clásico libro Perón o Muerte, sostienen que el peronismo más que un movimiento que responde a una doctrina determinada, es “un punto de vista de enunciación”.

¿Qué significado tiene esta sutil definición? Habría que interpretar, que más allá de la palabra del Líder lo trascendente es el acto de la enunciación del mismo, más allá de lo que dice el Líder, lo importante es quién lo dice. Entonces, estos autores entienden que el peronismo no es la palabra de Perón en sí misma, sino el que lo haya dicho Perón.

La condición de Perón como máximo referente le daba, como él mismo decía, cierta “infalibilidad papal”. Por eso podía pronunciar palabras contradictorias sin que eso alterase su carácter de conductor del justicialismo.

En la década de los 70, la contradicción de que las extremas derecha e izquierda gritaran “la vida por Perón” no se evaluaba como tal, porque el peronismo se caracterizaba por la lealtad incondicional al líder.

La valoración del Líder provenía por ejemplo de definiciones como la de John William Cooke : “El peronismo es un conglomerado de extraordinaria amplitud ideológica y humana . Pero el núcleo central es inmensamente mayoritario y ha demostrado una adhesión al jefe que no debe tener parangón en ningún movimiento político de ninguna parte del mundo. Para él la orden de Perón tiene virtud mágica”.

Un fiel intérprete de este punto de vista “enunciativo” fue el ex-presidente Carlos Menem, cuando se lo acusaba de traicionar al justicialismo, en sus discursos él repetía que esos compañeros se habían quedado en el 45. Tal fue su equilibrio político, que se mostró como “reinterprete” de la palabra de Perón.

Pocos o ningún dirigente en la Argentina pueden llevar a cabo acciones totalmente antagónicas con las concebidas y aceptadas por su partido y seguir siendo presidente del mismo. La fidelidad de Menem al neoliberalismo fue exhibida como una adecuación del justicialismo a los nuevos tiempos.

Kirchner considera como su rival principal, no electoralmente, al menemismo, pero no desde una ortodoxia doctrinaria justicialista. En sus discursos el presidente sostiene que el menemismo representa los intereses de una minoría poderosa.

Retomando nuestra pregunta, ¿cuál es el partido político del presidente?, se podría llegar a la conclusión, después de casi cuatro años de gobierno, que considera el éxito o fracaso de su gobierno casi exclusivamente basado en la aprobación de la opinión pública a su gestión.

La opinión pública, como concepto se la consideraba una especie de espíritu colectivo que nacía del intercambio de ideas y que se formulaba, a través de la prensa escrita.

Si bien se puede fundar la diferencia entre entendidos como Walter Lippman que la consideraron, voluble, inestable, manipulable, irracional y poco decisoria de actos de gobierno u otros como Page y Shapiro que por el contrario, en un largo plazo se manifiesta como estable, racional y decisoria de actos de gobierno.

En el discurso de Kirchner, la opinión pública es el sujeto al que se quiere persuadir, en su imaginario, esta opinión pública apoya una gestión de gobierno porque adhiere a un proyecto de país. El presidente critica la “dedocracia” y la “vieja dirigencia”, “un modo de oficiar la política “a espaldas del pueblo”. La incoherencia con sus actos aquí se impone y el dicho de Perón, “la única verdad es la realidad”, vuelve a tomar fuerza.

Kichner se estaría planteando una construcción de poder sobre la base de la aprobación de la opinión pública a una gestión de gobierno. La diferencia es que no lo haría por la fidelidad a un líder, sino por el apoyo a su proyecto ideológico. Esto presupone una opinión pública, racional, participativa y decisoria, tal como lo planteaban Page y Shapiro.

No debería olvidar que Walter Lippman consideraba a la opinión publica, voluble, inestable, manipulable, irracional y poco decisoria de actos de gobierno.

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