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Etiquetas:   Las plumas y los tinteros   -   Sección:   Opinión

Hablemos de las fotografías...

Daniel Tercero
Daniel Tercero
viernes, 16 de marzo de 2007, 12:11 h (CET)
En los medios solo se habla de arte cuando huelen sangre. Al menos de un tiempo a esta parte. Lo último es la polémica suscitada por unas fotografías, que se expusieron en Cáceres en 2003, del fotógrafo José Antonio M. Montoya y que ahora, por arte de birlibirloque, han vuelto a la actualidad política. ¿Por qué? Porque el prologuista, por lo visto, del catálogo de la exposición -de hace cuatro años- es el candidato del PSOE en las próximas elecciones municipales en Badajoz, y actual consejero de Cultura de la Junta de Extremadura, Francisco Muñoz. Este es el verdadero arte, el verdadero escándalo. El perro vomitando sangre.

Vayamos por partes. Montoya, el fotógrafo en cuestión, expuso en 2003 en la Iglesia de la Preciosa Sangre, Cáceres, una serie de composiciones en las que se retrata a Jesucristo, la Virgen María, el arcángel San Gabriel y varios iconos de la escenografía católica desnudos, excitados y en explícitas escenas sexuales. Algunas de las imágenes, que se pueden ver en internet desde la página personal de Montoya, son realmente desagradables y de una calidad artística dudable. Excepto un par de ellas, y no es casual que estén inspiradas en clásicos al fresco, yo no adquiriría ni una sola. Sigamos.

Como toda exposición que se precie se realizó un catálogo con las obras expuestas. El prólogo de este libreto lo firmó Muñoz, el político del PSOE en cuestión, y recibió la subvención pública correspondiente -me atrevería a decir que como el 100% de los catálogos que se editan en este país, rey de la subvención- para la publicación de este catálogo. La Junta, según su presidente Ibarra, no subvencionó ni la exposición ni al artista que exponía. Vamos ahora con las reacciones.

Era de esperar que la jerarquía eclesiástica protestase por las fotografías, la exposición, y cargase contra su autor. Así fue, así ha sido, e imagino que será así siempre. El PP, partido del que ha salido un documento denunciando la exposición, ha puesto el grito en el cielo -nunca mejor dicho- y ha solicitado medidas como la destitución del consejero de Cultura y protagonista secundario de la polémica: Muñoz. Ibarra ha pedido disculpas, otra vez -ya lo hizo en 2003-, por el “error” de subvencionar un catálogo de una exposición -privada, cabe recordar- que se organizó en una Iglesia. Hasta aquí los hechos.

Ahora las interpretaciones. Ya lo he escrito unas líneas más arriba, he visto las fotografías y me parecen de mala calidad, no aportan nada. Ahora bien, el cinismo político ha vuelto a calar en la prensa. Los mismos, o casi, que hace unas fechas criticaban que se censurara la publicación de unas caricaturas de Mahoma piden, hoy, que se evite la publicación de unas caricaturas de Jesucristo. Pero lo mismo pasa en la acera de enfrente. Los cínicamente correctos, políticamente hablando, que pedían hace unos meses que no se provocara a los creyentes musulmanes coartando la libertad de los occidentales, aplauden ahora con sus orejas la exposición y libertad de Montoya. A estos últimos cabe añadir un grado más de cinismo, se se puede medir en grados, ya que piden respeto para una religión y se lo niegan a otra.

No estamos hablando de arte. Es una cuestión de libertad. Es una cuestión de intereses políticos. ¿Tendrán que pedir disculpas Ibarra y Muñoz, por una exposición de Montoya en 2003, cada vez que se celebren elecciones? Esto pasa por no saber definir lo que es arte y tener la idea medieval de que el arte tiene que ser respetuoso con las religiones.

Religión y sociedad deberían ir separados pero no es el caso. El gusto y el mal gusto no son patrimonio de las religiones ni de las salas de arte. Que las fotografías de Montoya sean feas, incluso desagradables, no debería ser motivo para su linchamiento artístico -aunque dudo de esto último ya que, tal y como esta el patio, Montoya tendrá ahora más ofertas de las que habría soñado nunca-. ¿Acaso son estas las primeras evidencias de arte en el que la religión -sea cual sea- sale vilipendiada? Yo, qué quieren que les diga, me quedo con mi Jardín de las Delicias.

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