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El clásico de los clásicos

Enrique Salvatierra
Enrique Salvatierra
sábado, 17 de marzo de 2007, 01:19 h (CET)
El pasado sábado se vivió en el Camp Nou el mejor partido de la historia de los clásicos. Se enfrentaban Barcelona y Real Madrid, ambos recién eliminados de la Copa de Europa y con una crisis de juego sin precedentes. Los catalanes llegaban con cinco puntos por encima de los madrileños, que veían una victoria en can Barça, como su única opción para optar al título, mientras que el actual campeón de liga necesitaba los tres puntos para volver al liderato y alejar definitivamente al Real Madrid, dejando a este en una crisis total.

Llegaban también dos entrenadores en la cuerda floja, con métodos muy discutidos y con un desbarajuste táctico que empezaba a afectar a los resultados de sus equipos. Rijkaard comenzaba a perder caché, y la división de un vestuario, en el que empieza a haber exceso de megaestrellas, estaba afectando a la confianza que la directiva tenía en él. Por el otro lado, llegaba Capello. El entrenador italiano apuraba sus últimas opciones de seguir en el banquillo blanco, tras los malos resultados que estaban acompañando al equipo, que ya se había despedido de dos de las tres competiciones a las que optaba a principio de temporada.

En este ambiente, ambos técnicos decidieron poner toda la carne en el asador, y sacaron a relucir a todos los “jugones” en un escenario inmejorable, y estos no defraudaron. Así comenzó el clásico, lleno de dudas, para concluir, sin duda alguna, con el mejor espectáculo futbolístico que se ha visto en la historia de los enfrentamientos entre estos clubes. Desde las exhibiciones de Guti y Messi, el primero dominó el solito el centro del campo, mientras que el segundo le robó dos puntos de oro al Real Madrid con sus tres goles, y con una exhibición de desborde y de descaro que nos recordó al mismísimo Maradona, hasta las soberbias actuaciones de Casillas y Valdés, que salvaron a sus respectivos equipos con paradas de las que no se olvidan, de hecho dudo que Eto’o y Van Nistelrooy lo hagan.

Con todos ellos, más los Gago, Xavi, Iniesta, Higuain y compañía, el partido fue una auténtica oda al fútbol, un cántico al fútbol espectáculo en tiempos de sequía. El clásico marcó una tendencia ofensiva, que venció por goleada al fútbol ratero y defensivo que por desgracia se había apoderado de nuestro fútbol. Pero con este partido algo cambió. Y es que la afición disfrutó, los jugadores disfrutaron, incluso los entrenadores, Capello incluido, disfrutaron, y eso es algo que no se consigue todos los días. Tenían que ser ellos, Barcelona y Real Madrid, quienes devolvieran el fútbol espectáculo a nuestra liga, dejando en la retina de todos, ese partido, que siempre recordaremos como, el clásico de los clásicos.

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