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Etiquetas:   Con permiso   -   Sección:   Opinión

España se la coge con papel de fumar

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
jueves, 15 de marzo de 2007, 12:07 h (CET)
En esta España que se la coge con papel de fumar está mal visto decir que alguien es un “maricón”, debemos utilizar un lenguaje políticamente correcto o incluso utilizar un anglicismo, pero jamás debemos osar llamar “maricón” a un maricón. No, eso no se puede permitir, pero en cambio si tenemos el raro atrevimiento de llamar la atención a alguien que blasfeme a nuestro lado seremos recordados como intolerantes cavernarios, miembros oscurantistas de una secta prepotente que se quiere imponer violentamente a la libertad de expresión censurando el brillante lenguaje propio de gentes desinhibidas de nuestro siglo. Pero no pasa nada por ofender los sentimientos más dignos, nobles y puros que hay en un ser humano, sus sentimientos más íntimos, profundos y personales: sus sentimientos religiosos. Puede esperarse de todo, no sólo que haya quien lo justifique, en aras a la libertad artística, sino que hasta que haya quien lo pague. Con el dinero de otros, con el dinero de todos, claro.

Somos gilipollas, ustedes me perdonen, somos un país de gilipollas. Porque resulta que al mismo tiempo censuramos unas fotos de una célebre casa de modas porque parece que unos señores estupendos se quieren “tirar” a una señora que está “de coge pan y moja”. Eso es apología de la violencia, algo intolerable en una sociedad avanzada como la nuestra. Sexismo y violencia, pecado nefando.

¿Saben quienes este absurdo ataque a la dignidad, a la conciencia y a la libertad religiosa han promocionado que pueden fácilmente estimular mi libertad creadora? Quiero descubrir ante todos ustedes que yo no soy yo, que yo en realidad soy una artista incomprendido, un genio surgido de una lámpara prodigiosa dispuesto a crear inmarcesibles obras de arte publicitario. Vean ustedes con qué poco soy capaz de componer una prodigiosa obra de arte contemporáneo: Acabo de proponer a la Confederación Estatal de productores de orujo con sabor aceituna un anuncio en el que un modelo disfrazado de Alfredo Pérez Rubalcaba, vistiendo estrecho tanga y marcando “poderoso paquete”, empine el codo y alabe las excelencias del orujo con sabor aceituna. Y he propuesto otro anuncio a la Asociación de estanqueros de las plazas mayores de España en el que aparezca el Consejo de Ministros en cueros vivos, celebrando una orgía sexual y fumando unos enormes puros habanos al estilo Fidel Castro.

¿Por qué esto es realmente ofensivo, pútrido e infecto, que lo es, y la Junta de Extremadura se permite publicar, con dinero público encima, esas imágenes calamitosas, decrépitas, ofensivas e irrespetuosas y por lo tanto antidemocráticas, advierto a mis lectores progres?

¿Qué tal si editamos un libro, muy artístico, eso sí, en el que dos actores convenientemente maquillados y disfrazados simulen ser Zapatero y su “santa” en la cama, cumpliendo con sus “obligaciones” maritales mientras anuncian las bondades de un determinado colchón? Oiga, ¡¡que es la libertad creadora de todo un genio de la fotografía artística, un creador, un monstruo del arte moderno como yo!!

Ya pasó algo parecido hace años, (¿se acuerdan? Porque yo no) ¿Cómo era aquello, también de la Junta extremeña de Rodríguez Ibarra, que el hombre es el único bestia que tropieza dos veces en la misma torpeza, en que alguna lumbrera decidió ofrecer... esto... (¿cómo era...?) casas o habitaciones o... para que los jóvenes pudieran desfogar libérrimamente sus pasiones sexuales? Salió Ibarra en la tele, cachondeándose del infeliz autor de la mala idea, retiró el asunto y apagó el fuego.

¿No encontraremos a alguien con dinero, tiempo y conocimientos sobrados para que denuncie esta falta de respeto, esta ofensa a los valores democráticos en los tribunales de Justicia? Si estamos en un país en el que ya no se puede contar chistes de maricones ni de gangosos, ni de enanos porque es incorrecto, irrespetuoso y antidemocrático pero se permiten estas “obras de arte” es que somos gilipollas, ustedes me perdonen.

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