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Etiquetas:   Minoría absoluta   -   Sección:   Opinión

Unos más iguales que otros

Patxo Palacios
Patxo Palacios
jueves, 15 de marzo de 2007, 12:07 h (CET)
Parece un chiste fácil, pero no lo es. A tenor de las interpretaciones torcidas y ‘desiguales’ que buena parte del personal hace del término “igualdad”, se imponen unas cuantas reflexiones, a saber… La igualdad de oportunidades uno la entiende como eso: todos los hombres, mujeres e híbridos del Planeta Tierra tenemos, mejor: debemos, tener el mismo acceso a los distintos bienes y servicios públicos o privados, en condición de igualdad.

Ahora bien, ello no implica que deba haber el mismo número de hombres y mujeres en cualquier ámbito de la vida, público como privado; atenta al más elemental de los sentidos comunes que por ley deba haber en la Ejecutiva de un Partido 6 hombres y 6 mujeres, que en una promoción de agentes de policía tengan que salir 50 policíos y 50 policías… ¿a santo de qué esa imposición?
Que la Ejecutiva de ese Partido decida libremente si han de ser ocho hombres y cuatro mujeres, o diez mujeres y dos hombres… que el concurso público sea de méritos reales y objetivos y salgan los/las 100 mejores policías (sean 70 hombres, 30 mujeres o 70 mujeres, 30 hombres).

A usted ciudadano/a que le roban la cartera en la calle, el sexo del agente que va a perseguir al caco se la trae al pairo, con seguridad. Querrá que sea rápido/a y contundente y le atrape para recuperar su dinero. Y punto. Lo demás son melonadas pseudoprogres.
Las evidentes desigualdades que la Mujer ha sufrido a lo largo de la Historia, algunas ciertamente aberrantes, no deben servir para que los hombres actuales seamos pasados a cuchillo y sojuzgados por los pecados e injusticias cometidas por nuestros tatarabuelos.

En fin, que nada hay más triste que volver a imponer criterios anti natura, que cercenan eso que ha costado tanto implantar como norma fundamental de comportamiento en nuestra sociedad: la libertad.

La discriminación positiva es un arma de doble filo, que se sabe cómo empieza pero no muy bien cómo y cuándo se acaba. Las cuotas, al más puro estilo Lenin, degradan la inteligencia y el ‘savoir faire’ del ciudadano, ya sea empleado, empresario o Administración.
Evidentemente, medidas recientes que fomentan los permisos de paternidad en condiciones de igualdad para los hombres son de todo punto de vista acertadas y justas. Pero una cosa es una cosa y otra es otra (que diría el malogrado Tip), no confundamos los conceptos.

Para otro día dejamos lo del lenguaje sexista, que lo hay, ciertamente. Pero es que a fuerza de ser megacorrectos, acabamos en el uso abusivo y hasta ridículo del “ciudadanos y ciuadadanas”, “trabajadores y trabajadoras”, etc. En este sentido, el uso de los impersonales es una solución adecuada: “ciudadanía” para definir ciudadanos /as, pero no siempre se puede y se acaban cometiendo tropelías contra el sentido del común.

Continuará).

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