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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Con el lirio en la mano

Remedios Falaguera
Remedios Falaguera
viernes, 16 de marzo de 2007, 16:52 h (CET)
Cada día que pasa es más frecuente encontrar hombres y mujeres, que por comodidad o ignorancia , van por la vida con un lirio en la mano, paseando por nuestras calles la ingenuidad más absoluta en los derechos y deberes que nuestros hijos, nuestro matrimonio, nuestros amigos y nuestro trabajo nos exigen para el buen funcionamiento de nuestra sociedad.

Es más, cada día que pasa , desgraciadamente, nos los encontramos cerrando los ojos ante la responsabilidad y consecuencias de la misma, escondiendo la cabeza en el trabajo , el activismo frenético, el ruido y el placer del momento…para evitar el esfuerzo y el compromiso que se necesita en la inevitable lucha “contracorriente” que tenemos ante nosotros.

Pero, llega un momento en la vida que tenemos que tomar partido y entregarnos - a pesar de nuestras limitaciones y el trabajo que nos supone superarlas- para llegar a ser testimonios claros, recios y “apetecibles” de los que están aun por llegar.

Pues bien, se me ocurre que tal vez podríamos empezar a hacer realidad aquellas palabras que dirigió Miguel de Unamuno a los jóvenes universitarios, en el solemne acto de la apertura de curso celebrado en la Universidad de Salamanca el 30 de Septiembre, con motivo de su jubilación en el Profesorado:

“Vosotros, estudiantes españoles, que os ejercitáis en la investigación científica, histórica y social, en la dialéctica -escuela de tolerancia y de comprensión de la concordancia final de las discordancias; de la coincidencia de las oposiciones que dijo el Cusano- vosotros tenéis que enseñar a vuestros padres -a nosotros- que esa marea de insensateces -de injurias, de calumnias, de burlas impías, de sucios estallidos de resentimientos- no es sino el síntoma de una mortal gana de disolución. De disolución nacional, civil y social. Salvadnos de ella, hijos míos. Os lo pide al entrar en los setenta años, en su jubilación, quien ve en horas de visiones revelatorias colores de sangre y algo peor: livideces de bilis.

Salvadnos jóvenes, verdaderos jóvenes, los que no mancháis las páginas de vuestros libros de estudio ni con sangre ni con bilis. Salvadnos por España, por la España de Dios, por Dios, por el Dios de España, por la Suprema Palabra creadora y conservadora.

Y en esa Palabra, que es la Historia, quedaremos en paz y en uno y en nuestra España universal y eterna.”

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