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Etiquetas:   La tronera   -   Sección:   Opinión

Presidente noqueado

Jesús Salamanca
Jesús  Salamanca
martes, 13 de marzo de 2007, 10:11 h (CET)
Ni Rodríguez ni Moraleda pueden alcanzar a saber lo que está sucediendo en ETA. Ni nosotros se lo vamos a contar. Como tampoco entenderán que la pacífica y civilizada manifestación de Madrid es una prueba de su ineficacia política, de la insensatez de Rodríguez, de la resurrección etarra a manos del presidente y de la actual división de la sociedad española. Ha sido un logro del retorcido sector ‘retroprogre’. Un logro del presidente es, también, que De Juana Chaos haya podido celebrar con champán, langostinos y tarta el aturdimiento del Gobierno y su ‘política de media pensión’.

De igual modo, las celebraciones del mundo abertzale durante estos últimos días son mérito del ‘fantasma’ de Moncloa. Éste ha alcanzado tal grado de encanallamiento que ha derivado en ruines decisiones, jaleadas por los Moraleda, Aguilar y Caldera, entre otros. Y apuntaladas por personajes circenses como el bachiller ‘Pepiño’ Blanco; actor secundario que no ha descubierto aún el modo de alcanzar un mínimo de protagonismo y un plus de seriedad.

Rodríguez vuelve a estar noqueado. La visión de la manifestación le habrá cabreado sobremanera. El leonés de adopción puede alabar las opiniones de Otegi, su ‘hombre de paz’; encariñarse con De Juana por ser partidario de la tregua-trampa; pero habrá sentido decepción al comprobar que la unidad de España no está de su lado, como no lo está la capacidad de convocatoria. La rebelión cívica ha tomado cuerpo. Rodríguez se ha convertido en el ‘tonto útil’ para ETA y en el ‘tonto inútil’ para los ciudadanos de buena fe. Como autor de la resurrección de ETA, para interés propio y mal calculado, ha incurrido en una actitud fascista y paranoica, más propia de un enfermo que de persona cuerda.

Pero también Mariano Rajoy ha contraído una responsabilidad con los suyos y con la ciudadanía en general. La respuesta de Madrid debe ser administrada, canalizada y cívicamente gestionada. Ni se puede parar ahí, ni se debe quedar en la mera contemplación pasiva, porque sería como desdeñar lo conseguido.

El sentido común no es el menos común de los sentidos, como se suele decir. Y una prueba es el elevado grado de concentración ciudadana. La sorpresa ha calado en el Gobierno, lo que se refleja en las desacertadas declaraciones, teñidas de incomprensible odio, del todavía director de Comunicación, Fernando Moraleda, y de la vicepresidenta ‘Maritere’. Hasta el bachiller, ‘Pepiño’ Blanco, se ha asustado al no ver ‘aguiluchos’ en las banderas. Parece que esas aves, otrora fascistas y delatoras para los modernos ‘sociatas’, hace tiempo que emigraron a los aledaños del socialismo ‘monclovita’. Lo que aún desconocemos, y sigue siendo alto secreto, es si Rodríguez acabará convocando una manifestación contra las víctimas, para medir su capacidad de convocatoria y enfrentarla a la de don Mariano.

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