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Etiquetas:   Crítica de cine  

'Teresa, el cuerpo de Cristo': tibia pasión carnal con seña de pecado

Pelayo López
Pelayo López
miércoles, 11 de julio de 2007, 23:19 h (CET)
Un personaje como el que protagoniza esta historia, Teresa de Cepeda y Ahumada, Santa Teresa de Ávila, no podía quedar limitado a las retinas de los espectadores cinematográficos, sino que ha trascendido más allá de las salas y ha suscitado opiniones en su contra por parte de algunos estamentos eclesiásticos que, quizás, se han sentido directamente señalados. Muchos de ellos parecen haberse incomodado por la visión que nos propone el primero escritor, luego guionista –Carne trémula de Pedro Almodóvar o El séptimo día de Carlos Saura-, y ahora, desde hace unos años, director Ray Loriga. Y, precisamente, es el cambio de registro de Loriga uno de los valores más destacados de este proyecto. Tras la personalísima La pistola de mi hermano hace unos años –adaptación por cierto de una de sus obras literarias-, ahora logra engatusarnos con una gran producción de la que sale airoso con creces al desplegar una visión cinematográfica plena que debemos seguir en el futuro.

Como en toda película biográfica que se precie, el personaje en cuestión es el principal foco de atracción para miradas varias, unas conformistas y otras críticas con el trabajo realizado. En este caso, a esta Santa Teresa de carne y hueso, un personaje con otros episodios cinematográficos y teatrales, le da vida Paz Vega, una actriz acostumbrada a estos menesteres anteriormente, como es el caso de Carmen. Y a medio camino entre el temperamento y el arrojo de ésta, y la provocación desnuda de Lucía y el sexo, podemos situar esta interpretación. Si bien a la actriz la traiciona su vena andaluza en algunos fragmentos, en otros, a lo largo de un meritorio pero irregular trabajo, disfrutamos de algunas pinceladas ya vislumbradas en su filmografía y que, sin embargo, aún faltan por explotar en su plenitud para demostrarnos definitivamente el enorme talento y sus cualidades, escondidas, para muchos, tras su piel vista. Sobre todo, en algunos bis a bis con Geraldine Chaplin y en el interrogatorio “teológico judicial” en el que el personaje se declara “engolfado” de Cristo. Y es que rayar a la altura de sus compañeros no es fácil, a pesar de que sean ellos los tildados como secundarios. Un reparto deseado por muchos realizadores que licua su jugo en una salsa que, por el contrario, adolece de algunos excesos del lenguaje y la expresión teatral: Álvaro de Luna, Ángel de Andrés, Eusebio Poncela, Geraldine Chaplin, José Luís Gómez, Leonor Watling, Manuel Morón…

También se deja notar mucho el excelente trabajo en los apartados técnicos: la fotografía del maestro Alcaine , emulando características propias de artistas que sirven de espejo como Caravaggio o Mantenga-, deslumbra por la genialidad; las notas cuasimetafísicas de Ángel Illarramendi nos sumergen en un trance más propio incluso del misticismo de la Santa, logro merecedor de halagos sonoros; y el corte del vestuario, austero o pomposo según los casos, evidencia de que se ha contado con una aguja privilegiada, la de la japonesa escarizada por el Drácula de Coppola Eiko Ishioka. Todos estos recursos están manejados correctamente salvo algunos matices. Por un lado, el mundo onírico excesivamente saturado, en muchos sentidos, en el que la Santa se refugia y encuentra acomodo para sus sentimientos religiosos; y, por otro, la demostración de que aún estamos a años luz de otras cinematografías en aspectos como la utilización de retoques digitales para paliar las contradicciones temporales en el entorno. Hablando de falta de sincronización, hay algunos choques con la biografía en cuestión en lo relativo a fechas y efemérides, un baile lógico dada la lejanía temporal, en la que se nos trata de ubicar a través de un acertado prólogo introductoria. Después, el repaso a la vida de la monja –sólo se centra en la primera parte, dejando lo propiamente religioso y productivo literariamente hablando- salpicado con atinados textos de la propia Santa utilizados, como recurso vivificador en voz en off, durante el metraje.

Suponemos que puede tener su “coincidencia” el hecho de que el estreno de esta película, una historia sobre el aplomo, la decisión, la voluntad… de una mujer contra su tiempo -defendiendo sus conocimientos y creencias-, haya tenido lugar en el calendario junto al Día Internacional de la Mujer Trabajadora. No obstante, se aprecia la dificultad que ha supuesto para el director tener que lidiar, al mismo tiempo, con los seguidores del erotismo intrínseco de Paz Vega y el puritanismo de ciertos cristianos. Hasta el rabo, todo es todo, y, tanto unos como otros, son los lógicos espectadores que pasarán por taquilla para visionar esta nueva presentación sobre la fundadora de las Carmelitas Descalzas. Además, parece igual de sensato que primero pretender llevar a la hoguera a quien luego se eleva a los altares y se idolatra. Dado que lo más polémico es el cartel, y que el respeto general no se rompe más que con leves insinuaciones mitad titubeantes mitad descaradas, conviene recordar que se trata, únicamente, de un producto consumido como tibia pasión carnal con seña de pecado.

FICHA TÉCNICA
- Calificación: 2
- Director: Ray Loriga.
- Reparto: Paz Vega, Leonor Watling, Geraldine Chaplin, José Luís Gómez, Eusebio Poncela, Álvaro de Luna, Ángel de Andrés y Manuel Morón.

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